Francisco Javier Bautista Lara
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Los tres principales símbolos que representan a la nación nicaragüense son: la bandera, el escudo y el himno. Los tres componentes fundamentales que determinan la existencia del país son: la población, el territorio y la cultura, sin estas tres, “no somos”; los símbolos representan esa realidad que  institucionaliza el Estado. Respetar los símbolos, es reconocer lo que representan, asumir identidad y pertenencia. 

Refirámonos a uno de los símbolos, al Himno Nacional. El segundo de los versos del quinto canto que representa a Nicaragua dice: “ya no ruge la voz del cañón”,  al igual que el tercer verso: “ni se tiñe con sangre de hermanos” y el quinto “Brille hermosa la paz en tu cielo”; tres de los ocho versos de la letra expresan el anhelo de paz de la población que se había visto sometida con frecuencia a la confrontación bélica entre los grupos políticos beligerantes en distintos períodos de la historia. La paz es condición principal para la vida y el desarrollo de los pueblos, su ineludible aspiración. Preservarla, es el sentido profundo de la voz oficial y popular que canta.

La letra y música del himno actual: “Salve a Ti”, desplazó a los anteriores “Hermosa Soberana” (vigente durante el Gobierno liberal de Zelaya), y “La Patria Amada” (vigente durante los gobiernos conservadores que sucedieron). Su autor, ganador del concurso convocado por el Gobierno, el poeta chinandegano Salomón Ibarra Mayorga (1887-1985), hijo de Felipe Ibarra (uno de los primeros maestros de Rubén Darío). Fue cantado por primera vez en diciembre de 1918, -cumplirá cien años en 2018-. Se instituyó como Himno de Nicaragua en el Decreto Legislativo del 26 de febrero de 1919, aunque se volvió a entonar veinte años después, durante el Gobierno de Somoza García. La melodía se basa en un antiguo salmo religioso de fines del siglo XVIII que adaptó el músico y compositor Luis Abraham Delgadillo (Managua, 1887-1961), a partir de lo que cantaba, al empezar y concluir las enseñanzas cristianas a los indígenas de Subtiaba (León), el fraile franciscano español Anselmo Castinove.

Cuando publicamos la novela Manantial (2013), después de tres años de aprendizaje y reflexión, tratamos de recrear la época de fines del siglo XIX e inicios del XX, alrededor de un personaje capitalino, el filántropo José Zacarías Guerra. En ese proceso, como suele suceder, identificamos curiosidades o detalles sociales, de la cultura y la historia que llamaron la atención. Lo que se decía y escuchaba, particularmente en Managua, en los primeros años de la segunda década del siglo. Uno de ellos se refiere precisamente al origen del segundo verso del actual Himno de Nicaragua. 

En 1910 salió un “gato” patriótico argentino, melodía popular y vivaz, titulado “El sol del 25”, que se refiere a los eventos del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, conocida como la Revolución de Mayo. Aunque sus compositores fueron Domingo Lombardi y Santiago Rocca a partir de la poesía “La Media Caña” (Lombardi, 1896), fue interpretado y popularizado por el dúo integrado por Carlos Gardel y José Razzano en la década de 1910. La segunda estrofa comienza: “¡Oíd! Ya lo anuncia la voz del cañón”.

Entre el verso argentino y el nicaragüense, encontramos obvias similitudes. Mientras el “gato argentino” dice: “lo anuncia”, el verso del himno sustituye las dos palabras positivas por dos palabras en sentido negativas: “no ruge”. La conjugación: “anuncia”, del verbo “anunciar”, y la de “ruge”, del infinitivo “rugir”, es la segunda persona singular, imperativo, y tienen significado homólogo en el sentido poético. La métrica, quitando la exclamación inicial: “¡Oíd!”, es igual, en ambos: nueve sílabas. Del Himno Nacional: “ya no ruge la voz del cañón”, y de la melodía argentina: “Ya lo anuncia la voz del cañón”.

Aquel canto de Gardel, se escuchó a inicio de la segunda década del siglo pasado en salones privados y públicos, a través del gramófono, ¿es posible que Salomón Ibarra la escuchara? ¿O conoció el poema “La Media Caña”? Es evidente que el verso de la melodía fue primero y el del Himno Nacional de Nicaragua después, por lo que, debemos reconocer, que no solo la música fue adaptación del viejo salmo religioso, sino ese imperativo segundo verso.

www.franciscobautista.com

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