Carlos Andrés Pastrán Morales
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Recuerdo la primera vez que lo vi, extraño, caminando solo, como si no dependiera de nadie. Todos me decían que era raro, yo no tenía idea del porqué, solo lo observábamos yendo a su destino por la universidad. De vez en cuando solo, casi siempre se le veía con unos cuantos amigos, no tanto así como él. Escuché decir que pasaban hablando de música, videojuegos, libros y sus salidas, particulares supongo. El punto es que casi todos lo conocían como el tipo raro.

A veces lo veía sentado en una banca con unos audífonos, de pelo largo y leyendo libros de historia. Me quedé extrañado, a esta edad preferiría leerme uno de misterio y suspenso antes que la vida de tantos viejos héroes que murieron hace unos cuantos años. A veces lo miraba en la ruta del bus, y les cedía su asiento a ancianos, sabía que era algo que la gente hacía, pero no sabía que en realidad existiera gente así.

Como un par de veces lo vimos con pareja, no sé si novia o chavala del momento, pero siempre tenía el mismo aspecto y sentido, un típico yoquepierdismo notorio, que a mujeres como esas, ¡Dios mío! me las quedaría de por vida. No sé si era tonto o qué, pero en serio, yo les pagaría un almuerzo, una entrada al cine y hasta el taxi para que se vayan más o menos seguras, pero bueno.

Un día me acuerdo, unos de otra facultad lo pasaron molestando, diciéndole idiota, raro, dejado, baboso, y me sorprendió su reacción, ninguna, no hizo nada, los vio como unos tres segundos, bajó la mirada y siguió leyendo. En ese momento sí ya no supe que pensar de él, yo y como cualquier otro me hubiera levantado y hubiera respondido. 

El otro día me topé con él, iba apurado y se le cayó el lápiz, lo recogí y me contestó con un ”gracias” bien frío. Horas después lo vi sentado en la misma banca, y lleno de curiosidad, de saber por qué era así, me levanté y le hablé. Entrevistándolo, me respondió con un sinnúmero de cosas que para mí no tenían mucho sentido, me dijo que no confiaba en nadie, ni en mujeres, ni en amigos, solo en su familia. Me contó que no hace caso a insultos porque no vale la pena pelear con idiotas como esos. También que hay personas que necesitan más un asiento que él que tiene 18 años. Y así me habló de muchas situaciones que con el tiempo supe que eran ciertas.

Me dio un concepto de vida que jamás se me pudiera haber pasado por la cabeza. Me dijo que salía con sus amigos a bares, a conciertos, de lo más normal. Que no usaba mucho su celular, que lo distraía de sus clases y de sus lecturas, que prefiere conocer a gente espontáneamente en persona. Que le gustaban los videojuegos, un fan total, me podría haber contado historias de miles de juegos pero lo detuve. Me dijo que vive de sus experiencias, que a pesar de ser joven ha sabido captar la importancia de porqué pasan algunas cosas y hechos. No tenía Facebook. No iba al gimnasio, me dijo que no es necesario, que todo lo importante está en la cabeza, que aun así fue una vez pero solo como una semana.

En fin, me terminé dando cuenta que no era raro, más bien era normal, alguien que lucha en cumplir sus objetivos, que es quien es, no aparenta ser alguien más. Que vive y disfruta. Que es selectivo con las personas de su agrado. Que ayuda a los que le piden ayuda. 

Tiene un concepto de las malas cosas que te pasan por ser bueno, pero aun así trata de hacer bien. Todos lo ven como raro porque todos somos anormales, que perdemos el tiempo con el celular, viendo videos en Facebook, chismeando, peleando, perdiendo la cabeza en fiestas, en vez de agarrar un libro y leer, estudiar, prepararnos y ser mejores de lo que ya somos. 

Ahora lo conozco y lo saludo cuando lo veo, a veces le pido consejos y me los da, y así veo que los raros somos nosotros y el tipo normal es él. Alguien que conoció a una de esas pocas personas normales que hay por el mundo.

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