Augusto Zamora R.*
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Aprobó la Cámara baja del Congreso de EE.UU. un proyecto de ley que castigaría económicamente a nuestro país si Nicaragua no hace y actúa como EE.UU. ordene.

Aunque quedan muchos trámites pendientes (si sobrevive), pues debe aprobarla el Senado y luego extender su firma el presidente de EE.UU., la ley nos devuelve al pasado.

Un pasado lleno de expolios, humillaciones, invasiones armadas, guerras liberadoras y sufrimiento, mucho sufrimiento. De Walker a la Contra, excesivo daño nos ha causado EE.UU.

Sorprende más la actitud de ciertos sectores nicaragüenses, a los que poco ha faltado para que salieran a la calle a celebrar la Nica Act (si alguien, en EE.UU., saliera a aplaudir acciones contra el país, sería procesado como traidor, inmediatamente).

Es entendible que haya personas que discrepen de un gobierno (esencia es del juego democrático), que lo critiquen ásperamente (que es derecho) o disientan de él (ídem).

No lo es que encomien iniciativas nacidas del más pestilente, rancio y execrable imperialismo, que pretende seguir viéndonos como repúblicas bananeras sin derecho a libertad, independencia ni autodeterminación.

Dura fue —es— la lucha latinoamericana contra el intervencionismo yanqui. Desde la Sexta Conferencia Internacional Americana, de La Habana, en 1928, al presente. 

“Ningún Estado tiene derecho de intervenir en los asuntos internos ni externos de otro” fue la norma, elevada a tratado internacional, aprobada en 1933, en Montevideo.

El mundo avanza aceleradamente. Algunos países —y personas— viven en el pasado. Pretenden devolvernos al pasado.

az.sinveniracuento@gmail.com

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