José Pascual Ortells Chabrera
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En la época de Darío, el anarquismo solía asociarse a la dinamita, que si bien revolucionó la construcción y la minería, también sirvió para fabricar explosivos tanto para los ejércitos como para los grupos revolucionarios. El italiano Felice Orsini diseñó un artefacto compuesto por dos semiesferas conteniendo una carga de dinamita, que utilizó contra Napoleón III; a partir de aquel atentado aquellos artefactos, que estallaban al caer al suelo, fueron conocidos como bombas Orsini.

En 1893, durante la inauguración de la temporada de ópera en el Liceo de Barcelona, fueron arrojadas dos bombas Orsini, una de las cuales explotó, causando la muerte de veintidós personas y otras víctimas, que resultaron heridas. En su artículo “Dinamita”, escrito unas semanas después del atentado del Liceo, Darío hizo referencia al mismo. Si bien siempre dejó claro su rechazo al terrorismo y marcó distancia con respecto al ideal libertario, Darío también manifestó una firme oposición a la tortura y la represión por parte de la policía o el ejército. Así, en 1898, escribió en un artículo dedicado a Barcelona:

“En la fortaleza de Montjuich (sic), parece que la inquisición renovó en los interrogatorios no hace mucho tiempo, los procedimientos torquemadescos de los viejos procesos religiosos. Así al menos lo demostró en la Revue Blanche y luego en un libro que tuvo un momento de resonancia, el catalán Tarrida del Mármol”.

Este libro se llamaba “Los inquisidores españoles” y narraba un atentado que tuvo resonancia en la prensa europea, así como los procesos que le siguieron. Fernando Tarrida del Mármol, nacido en Cuba en el seno de una familia catalana, narró así los sucesos de la procesión del Corpus:

“El día 7 de junio de 1896 tuvo lugar el atentado que sirvió de pretexto al gobierno español para conglobar una redada inmensa en Barcelona…”

Aquel domingo, la gente llenaba las calles; ya de noche, mientras la procesión se encaminaba a la catedral de Santa María del Mar, una bomba estalló en “la parte de atrás donde iba el pueblo que cerraba la procesión”. Según Tarrida, nunca se demostró quién había arrojado la bomba ni por qué “no fue dirigida hacia el frente del cortejo donde se encontraban los más altos representantes del clero y del ejército”. Las víctimas fueron civiles: doce personas muertas y treinta y cinco heridas, entre quienes se encontraban mujeres y niños; solo había algunos soldados entre las víctimas.

Cerca de cuatrocientas personas fueron encarceladas, incluso periodistas que condenaban el terrorismo. Un tribunal militar juzgó a los encausados y las declaraciones fueron arrancadas con torturas, según denunciaron los presos y sus familiares. Fueron sentenciados a muerte y ejecutados cinco anarquistas; otros prisioneros fueron condenados a cadena perpetua y muchos fueron deportados. El único que a las pocas semanas pudo salir del penal, gracias a las influencias de un familiar, fue Tarrida del Mármol.

Más tarde, en otras crónicas a La Nación, también recopiladas en España contemporánea, Darío se refirió de nuevo a los procesos de Montjuic. En el artículo “La España negra” dijo que se estaban repitiendo las “inquisitoriales historias” de Montjuic. En otra ocasión describió una ceremonia del Jueves Santo, en la que la reina Regente lavaba los pies de personas humildes, y comentó que por un lado le impresionaba la humildad de la reina, pero por otro lado le asaltaba la idea de la miseria en la sociedad española, la mendicidad en la corte, el hambre, la prostitución infantil, “los martirios de Montjuich”(sic) y “el anarquismo, flor de los parias”.

A mediados de 1899, Darío hizo de nuevo referencia a la campaña por la liberación de los presos de Montjuic, quienes solo alcanzarían su libertad en 1901, por el indulto de un nuevo gobierno.

Todavía en 1906, en un artículo recopilado en su libro Opiniones, Darío mencionó la campaña de Tarrida del Mármol desde las páginas de la Revue Blanche, de la que dijo que era:
“Una de las más intelectuales, y sin disputa, la más combatiente, emprendedora y activa. Es anárquica, demoledora y nutrida de ideas... Ha hecho campañas sonoras y memorables, como la de Montjuich (sic), dirigida por Tarrida del Mármol…”

Rubenia 18/09/2016

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