Galo Muñoz Arce
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El ejercicio de la medicina moderna adolece actualmente de un proceso de deshumanización en la sociedad globalizada; principalmente en las sociedades desarrolladas, en las cuales prevalecen los estilos de vida materialista, el hedonismo, el vacío espiritual y la cultura de la banalidad. En este contexto, la salud ha sido convertida en una costosa mercancía por un mercado perverso que ha hecho de la codicia lucrativa su leit motiv. 

Por su lado, la gran mayoría de médicos se han adherido acríticamente a la tecnología de punta y han abandonado su esencia humanista, en desmedro de su identidad profesional. El costo de esta enajenación es muy elevado, porque de este modo el médico se niega a sí mismo, proyecta una imagen profesional que a menudo es percibida por la comunidad como mercantilista, y su fin prioritario es buscar un mayor estatus socioeconómico y aprovechamiento personal, carente de sensibilidad humana.

El  humanismo que sustentaron para la posteridad médica los más calificados cultores del pensamiento ecuménico, tales corno Hipócrates, Aristóteles, Platón o Gracián, son  conceptos esenciales que definen la espiritualidad humana.

Asimismo, humanistas y personalidades paradigmáticas han enfatizado con esclarecida sapiencia que la esencia del humanismo es el amor al prójimo, razón de ser del acto médico a través de los tiempos. 

Entre los  profesionales que quedan y han  hecho honor al juramento hipocrático resalta la figura enigmática de Adolfo Terán Hidalgo, médico pediatra esteliano. Su calidad profesional, sencillez y solidaridad constituyen un legado por donde tendrán que caminar las actuales y futuras generaciones en el campo de la medicina.

Nació  en la heroica y legendaria  Estelí, un 7 de noviembre de 1943. El primero de cinco hijos del matrimonio formado por el  doctor Gustavo Terán Derbyshire, abogado y notario y Carmen Hidalgo Altamirano, profesora de educación primaria. Dos hermanos médicos y una microbióloga y el hermano menor, estudiante de Ingeniería Química, fallecido en manos de la G-N.

Año 1962: Inició estudios de la carrera de Medicina en la Facultad de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua  (UNAN -León) culminando  con el Internado Rotatorio, en el Hospital General El Retiro Managua y el Servicio Social en la Isla de Ometepe, en donde se graduó como médico y cirujano.

1970 a 1974: Estudió Especialidad de Cirugía Pediátrica en Hospital Nacional de Niños "Doctor Carlos Sáenz Herrera" Universidad de Costa Rica. 1975: Retornó a Nicaragua,  participando en la fundación de la primera policlínica de Especialistas en el Norte del País,  la cual funcionó  hasta 1978 por razones de fuerza mayor. 1978: Exiliado Político en Costa Rica a raíz de la Insurrección de Septiembre en Estelí.

1979: Ingresó al País como uno de los médicos de la columna  guerrillera "Coronel Santos López". 1979 a 1980: director médico de seguridad personal de la Junta de Gobierno y  de la Dirección Nacional en el Ministerio del Interior Managua. 2001 al 2015: Cirujano Pediatra en el Hospital San Juan de Dios de Estelí.

Por sus relevantes aportes a la asistencia, la docencia y la investigación en el campo de las ciencias de la Salud, recibió numerosos premios, distinciones y condecoraciones. En el mes de septiembre de este año, durante el XIX Congreso Médico del Norte de Estelí, por una “Salud Integral y Científica”, la Universidad Católica del Trópico Seco Ucatse, sede Estelí, rindió público  homenaje  a este distinguido profesional  de la medicina, en reconocimiento a su alto sentido humano, conducta intachable, persona destacada en el ámbito local y nacional.

Resulta incomprensible que algún esteliano  no conozca a Adolfo Terán Hidalgo, un hombre de elevados principios, vocación internacionalista, con una personalidad templada para ejercer  una profesión que tiene que ver  con la vida y la salud humana. Por ello se ha dedicado  con infinita responsabilidad a cuidar la vida de los seres humanos: de un niño, de un anciano, de un joven, de un adulto, de una mujer, de un hombre, que se pone en sus manos para aliviar un dolor, para aliviar una enfermedad o para preservar la vida.

Lo conocí en los años 80, durante el proceso revolucionario, en plena actividad profesional, he compartido reuniones sociales y cultivé durante mi estancia en Estelí, una  amistad que me enaltece. Como médico, una fuente de energía curativa que viene de sus conocimientos y entusiasmo, de su sentida humanidad. En lo más limpio de su ser debería grabar con signos indelebles la frase de Nothnagel (Viena). Dice así: “Solo un hombre bueno puede ser un buen médico”.

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