Orlando López-Selva
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Es una premisa estratégica básica en el nuevo orden internacional moderno: ningún Estado puede vivir aislado, permanecer subdesarrollado o desechar alianzas.

Pero los centroamericanos ya tenemos medio camino andado ante ese desafío: estamos construyendo una Centroamérica desde hace casi dos siglos. Estuvimos unidos desde 1821 hasta 1838; luego cada quien siguió su camino. Y seguimos intentándolo desde hace dos décadas.

Es un sueño que comenzamos desde Guatemala hasta Costa Rica.

Recientemente se ha agregado Panamá y República Dominicana —a su ritmo y conveniencia—; igual que Belice, a veces zigzagueante.

¿Por qué no le damos el mayor impulso al SICA —ese maravilloso mecanismo de integración— que nos puede convertir en un Estado mediano, respetado, con un gran mercado de 45 millones de consumidores?

Es cierto que el proceso es lento y ningún Estado quiere ceder soberanía, ni tampoco transar con sus vecinos, si estos no tienen la paridad económica, como el caso de los pioneros: Guatemala, Costa Rica, Panamá.

Lo ventajoso: ya tenemos dos buenos precedentes institucionales.

El Parlamento Centroamericano (Parlacen), y la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) son esos pilares que deberíamos fortalecer. Y lo deberíamos hacer con dos objetivos: 1) fortalecer estos órganos institucionales centroamericanos para liderar el proceso de integración; 2) apoyar a estas dos instituciones que propician la cultura política, la ciudadanía y el ordenamiento jurídico comunitario centroamericano.

El Parlacen es el foro regional donde debemos discutir nuestras diferencias y buscar soluciones legislativas comunes. Es un foro natural; dividido por ideologías, no por asignaciones nacionales.

Ahí, los centroamericanos legislan de acuerdo a su propio credo.

Por su parte, la CCJ, es el tribunal judicial supranacional.

Y esta institución no es nueva. Data desde 1907. Pero, debido a tantos tumultos políticos, se interrumpió su funcionamiento por décadas.

Y en 1991, como consecuencia del Protocolo de Tegucigalpa, surgió la nueva Corte Centroamericana de Justicia —asentada en Managua—; hoy (lamentablemente) integrada solo por  magistrados de Honduras, El Salvador y Nicaragua.

Esta integración, por pedazos, no le hace bien al proceso de construcción total centroamericano.
Claro, la tarea no ha sido fácil. Cada país es receloso de que otro le diga que las cosas no están bien o que encuentre  equivocaciones en la interpretación de leyes, o se hayan cometido abusos contra terceros.

Además que también, crear un corpus de derecho comunitario que le dé orden y legitimidad a nuestra convivencia y transacciones legales, es un reto enorme. Pero el derecho regional se va construyendo de manera paulatina.

La actitud nuestra debe ser de inserción, uso y creación de precedentes (doctrina) de todo el derecho comunitario que caiga en cascada entre los tribunales de cada país, de manera armónica y uniforme.

Es difícil construir una comunidad de derecho cuando cada quien hace las cosas a su manera.

Hemos construido (¿o mal-construido?) entre golpes de Estado, revoluciones, regímenes de facto, y dictaduras irrespetuosas de los derechos humanos y libertades de los opositores o minorías.

Por ello, necesitamos del derecho comunitario (macro) para asentar firmemente ahí al nuevo Estado centroamericano.

Yendo más allá, la CCJ funciona para resolver diferencias y controversias entre todos los actores centroamericanos —sean estos personas naturales o jurídicas, instituciones públicas o los Estados mismos— de manera civilizada y armónica.

En otras palabras, la CCJ es un mecanismo de paz, un instrumento armonizador.

De igual manera, garantiza que la integración de los países que conforman el SICA, sea ordenada, legal, legítima y pacífica. Siendo, esto así, la convierte en un árbitro confiable y garante supranacional de las buenas actitudes integracionistas y todas las acciones y estrategias encaminadas a crear la Gran Patria Centroamericana.  

La unión de los países miembros del SICA no podría avanzar correctamente sin la legalidad que el proceso de integración debe tener. Sin Estado de Derecho no hay reglas del juego, no hay paz, orden, democracia, ni legitimidad.

La CCJ es una institución vital y estratégica para la construcción de una sola Patria Grande. La Corte tiene muchas funciones: es un tribunal internacional, de integración, contencioso administrativo, arbitral, académico, y consultivo de los Estados centroamericanos, sus órganos  y organismos.

Ya deberíamos dejar de pensar provincianamente. El localismo destruye el sueño centroamericano.   

El Parlacen y la CCJ son dos grandes pilares que debemos fortalecer y engrandecer para que nuestras parcelas se conviertan en un sola Nación Centroamericana más grande.

¿Por qué no una  Federación Centroamericana y Caribeña?

¿Qué esperamos para dar el gran salto?

Centroamérica debe resurgir de las cenizas y los prejuicios históricos y ser un Estado fuerte y digno.

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