Gustavo-Adolfo Vargas *
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Por la agresión militar ilegal de la coalición liderada por Estados Unidos y formada por Arabia Saudita, Francia, Reino Unido y otros diez países árabes, han masacrado y mutilado a miles de yemeníes, y 1,4 mil millones han huido de sus hogares.

Bombardearon y destruyeron los campos de refugiados, incluyendo gran parte de las instalaciones de agua y luz, centros de salud, carreteras, escuelas, fábricas, mercados, puentes y puertos.

Impiden la llegada de alimentos y medicamentos por medio del bloqueo naval a los barcos con destino a Yemen, condenando a una lenta agonía a 21 millones de personas; algo similar al bloqueo por Estados Unidos y la ONU a Irak (1991-2003), donde murieron alrededor de 2 millones de personas.

Según informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 82% de la población necesita ayuda humanitaria. Miles de infantes agonizan por desnutrición y muchos mueren por el dengue y la malaria.

Yemen (país sin Gobierno) es uno de los más desamparados del mundo; alrededor de 20 de las 22 provincias están al filo de una severa hambruna, no existen medios para avisar el arribo de bombas y misiles, tampoco tienen refugios antiaéreos que los protejan.

The Human Rights Watch denunció: La Coalición de los gobiernos de los países “democráticos del Occidente” y de los estados “árabe-musulmanes” de la región, utilizan en su guerra contra Yemen armas prohibidas (bombas de racimo). No hay “crisis de refugiados yemeníes”, debido a que les han cerrado las fronteras terrestres y marítimas del país para que no huyan.

Casi nadie informa lo que sucede, porque en el 2015, Estados Unidos y Arabia Saudita bloquearon la propuesta de los Países Bajos al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de realizar una investigación independiente sobre crímenes de guerra en Yemen. Ban Ki Moon (Secretario General de la ONU), mandó borrar del informe anual sobre conflictos armados de ese mismo año, el nombre de Arabia Saudita como violador de derechos de la infancia.

Christopher Murphy (Senador demócrata), expresó: “Se me hace difícil averiguar cuáles son los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos en la guerra de Yemen”.

Barack Obama, sin informar a nadie y sin aprobación de las cámaras, entró en marzo del 2015, en una nueva guerra en Oriente Próximo; envió el portaaviones USS Theodore Roosevelt hacia las aguas de Yemen, y mandó tropas que se instalaron en la base aérea Al-Anad en el sur.

Pretextos de Estados Unidos para agredir a Yemen: la lucha contra Al Qaeda; el respaldo a Arabia Saudita, aliviando su temor hacia Iran tras la firma del Acuerdo nuclear; y entrenamiento a pilotos saudíes para el manejo de aviones de guerra. Uno de los principales objetivos de ambos países en Yemen, es de volver al poder a presidente Al Hadi, quien huyó a Riad, tras un levantamiento popular.

Arabia Saudita no tiene acceso directo a los tres cuellos estratégicos de la zona (estrecho de Ormuz, golfo de Adán y Bad -al- Mandeb), pero apoderándose de Yemen podrá hacerse con los dos últimos. El Gobierno de Obama conocía la realidad sobre el petróleo saudita, el informe del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) fechado en 2002 sobre las reservas de gas y petróleo de Yemen en el mar Rojo y el golfo de Adán, y de 3 mil millones de barriles de subsuelo.

Según un cable de WikiLeaks, Stephen A. Seche (embajador de Estados Unidos en Saná en 2008) confesó: “Las provincias de Shabwa, Marib y al-Jawf tienen un alto potencial de yacimientos de gas”.

En 1990, Arabia Saudita se opuso a la reunificación de Yemen, desea dividirlo en dos para así facilitar su control y Estados Unidos converge con su proyecto de Nuevo Oriente Próximo, queriendo fragmentar los países claves de importancia estratégica; tal plan está dirigido a cumplirse es un caos controlado de la guerra oculta contra Yemen.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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