Miguel Carranza Mena
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Desde que tengo uso de razón sigo muy de cerca la política internacional y especialmente la de las potencias mundiales. Recuerdo que a la edad de 6 o 7 años escuchaba mucho sobre la URSS (Unión de República Socialista Soviéticas) y de su presidente –en ese entonces- Mijail Gorvachov. El líder soviético que era noticia en muchos radionoticieros del país como “El Despertar Noticioso de Nicaragua”, que se escuchaba todos los días en mi hogar. 

Quizás eso estimuló mi admiración por la política rusa, que hoy resurge como el oso euroasiático dispuesto a marcar su territorio ante las hostilidades de Estados Unidos, EE.UU., y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, cerca de sus fronteras, en Próximo Oriente.

Son precisamente esas amenazas de EE.UU., de hacer uso de la fuerza en Siria, donde el Kremlin lucha contra los terroristas del Estado Islámico y el Frente Al-Nusra; y su intromisión por la anexión de Crimea a Rusia, y la independencia de Donetsk y Lugansk en Ucrania, las que están destruyendo las relaciones bilaterales entre Washington y Moscú.

Esa situación es la que está convirtiendo al oso amistoso y hogareño euroasiático en un oso defensivo, dispuesto a usar su poderosa mandíbula sobre quien amenace la vida de sus conciudadanos, incluidos sus militares en Siria, Ucrania y Rusia. 

Por eso no es de sorprenderse que el presidente Vladimir Putin haya ordenado el despliegue de los sistemas antiaéreos S-300V4, y los S-400 Triumf en Tartus y Hmeymim Siria, para evitar que occidente tome decisiones impulsivas con la cabeza caliente. 

EE.UU. debe entender que el mundo ya no es unipolar con el creciente poderío militar y económico de potencias como Rusia, China, Irán e India, las cuales están dispuestas a defender sus intereses estratégicos en la región. 

Pero qué es lo que realmente mantiene desconcertado e histérico a Washington en Siria. Simplemente a los aliados les irrita los logros de la aviación rusa sobre los terroristas en Damasco. 

Desde que inició esta operación en septiembre de 2015, el Ejército sirio con la ayuda de Moscú obstaculizó el suministro de armas y municiones a los terroristas, cortó los principales canales del tráfico de petróleo y eliminó a miles de extremistas. También liberó la histórica ciudad de Palmira, la turística ciudad de Salma y expulsó a los terroristas de Latakia y del sur del país.

Ante esta situación los extremistas se han visto acorralados en la ciudad de Alepo donde el Frente Al-Nusra está siendo apoyado por EE.UU., por ser el único bastión que le queda a Washington para derrocar al presidente sirio Bashar Al-Ásad.

Recordemos también que el oso es inteligente y ha descubierto los planes de EE.UU., de tratar de confundir a la opinión pública de que los terroristas de Al-Nusra son de la oposición moderada siria, cuando la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) los clasifica como una rama de Al Qaeda. 

Más recientemente, el oso ha descubierto el camuflaje de los aviones de combate F/A-18 de EE.UU., en el país árabe con el fin de confundirlos con los cazas rusos SU 34 que bombardean a los terroristas en Alepo. ¿Será acaso que EE.UU., utilizaría sus F/A-18 para bombardear a civiles y luego culpar a la aviación rusa de ataques a niños, mujeres y ancianos? Con el trabajo sucio de Washington todo es posible.  

Pero mientras Estados Unidos siga satanizando la operación de la aviación rusa en Siria, el oso euroasiático estará dispuesto a usar todo el peso de su cuerpo aunque ello signifique el uso de las armas nucleares como disuasión al conflicto, según han expresado sus propios dirigentes. 

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