Orlando López-Selva
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Modernamente, escuchamos frases que nos impulsan a construir mejores sociedades. Frases como justicia social,  democracia participativa, estado de derecho, etc.

Muchos ignoramos cuánto ha transitado la humanidad hasta llegar a este punto hoy, donde esas frases tienen un valor imprescindible para la vida social; al igual que una vacuna lo es para la salud, o un invento para la tecnología.

El Estado de Derecho no es más que el régimen aceptado por todos los ciudadanos e instituciones, en un territorio, para que, cuando haya conflictos o controversias, se resuelvan siguiendo  principios, acuerdos y antecedentes establecidos por las leyes.

En una democracia prevalece el Estado de Derecho; se opone al  régimen de facto, donde todo se hace siguiendo los dictados ilegítimos de los que usurpan el poder público (poder ciudadano).

El Estado de Derecho pretende que todos vivan y actúen siguiendo valores y mecanismos sensatos, que nos den tranquilidad social.

La ley por encima de todas las leyes se llama Constitución política.

El Estado de Derecho es un sistema universal cívico del hombre moderno (que se ha venido construyendo con aportes de Licurgo, en Esparta; Solón en Atenas, el derecho romano y los principios que asentaron las revoluciones norteamericanas de 1776 y Francesa de 1789), para hacer justicia para todos.

Estos hechos asentaron las bases de un ordenamiento aceptado de reglas permanentes que rigieran la vida pública.

Los antropólogos afirman que la humanidad al vivir en comunidad, está predispuesta al conflicto y la guerra.

Consecuentemente, la ley es un recurso utilizable en el Estado de Derecho para prevenir injusticias, tiranías y resolver todo aquello con lo que la sensatez y los buenos antecedentes legales (jurisprudencia) provean, sin recurrir a la violencia o el incivismo.

Así, el derecho, propugna que haya normas que tengan: 1) legalidad y 2) legitimidad.

Legalidad significa que sean acuerdos tomados por una institución competente para implantarlas y hacerlas cumplir; pasando por un proceso que implique discusión, acuerdos, promulgación y tutela posterior por una autoridad competente.

Legitimidad implica que tengan un respaldo significativo —mayoritario o calificado— de los electores o ciudadanos que, a través de sus representantes, legislan por el bien de todos. La legitimidad implica moralidad. Las medidas ilegítimas son impopulares; son contrarias al consentimiento ciudadano.

El Estado de Derecho intenta confirmarle el poder público a los ciudadanos para evitar o frenar cualquier abuso que quiera cometer una autoridad que impone su voluntad por encima de la ley.

También es un garante de orden y armonía social.
La suma de todas las leyes, conforman un corpus de antecedentes y principios que guían la vida pública de toda sociedad. Pretende no cometer injusticias, ni ir contra los buenos antecedentes que las leyes mismas guardan, como depositarias de la sensatez pública.

Ese corpus se llama ordenamiento jurídico, que debe ser: 1) bueno (que haga el bien); 2) eficiente (que resuelva problemas y divergencias); y 3) previsor (que se anticipe a situaciones recurrentes o ya tenga antecedentes de soluciones usadas en situaciones similares).  Cuando esto es así, se convierte en un régimen de derecho (otro sinónimo).

Modernamente, los Estados acuerdan y adoptan instrumentos internacionales que se suman a otras leyes, costumbres y tradiciones  nacionales para convivir pacífica y ordenadamente. Estos acuerdos incorporan experiencias globales que enriquecen los recursos de todos los países.

El Estado de Derecho se opone a que las decisiones públicas, que a todos nos competen, las tome un solo hombre —un dictador autoritario o totalitario— o grupos políticos que no tienen el consentimiento del gobernado. El gobernado o ciudadano, es el dueño de la soberanía.

El Estado de Derecho evita los actos arbitrarios e impide que se violen principios  o derechos de las minorías, los disidentes o los grupos sociales vulnerables o excluidos.  

Valores: El Estado de Derecho le da orden (valor político) a una democracia; y justicia (bien jurídico) a una sociedad.   

¿A qué llegamos?

A darnos cuenta que toda democracia no puede funcionar sin un régimen de leyes, consenso, participación y consentimiento del ciudadano; respetando los derechos y libertades de todos. Los abusos de la ley, malean y atrofian a la sociedad.  

En suma:

El Estado de Derecho —que reconoce la igualdad de todos —sin importar ninguna condición— hace del ciudadano el centro y rector de toda la vida pública. Solo así puede convivir con otros tranquilamente, sin hacerse daño o matarse o porque abusen los más fuertes, los más ricos o cualquier autoridad.

El Estado de Derecho define las reglas claras del juego limpio.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus