Eddy Zepeda
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los recientes avances en ciencia y tecnología permiten a la humanidad vivir más años y con calidad de vida. De 50-60 que era la expectativa hasta hace unas pocas décadas a más de 80, hoy día.

Atrás quedaron viruela, sífilis, tuberculosis (alerta su reactivación y con casos resistentes, sobre todo en países marginados socialmente), incluso sida, como causas inevitables de muerte. Actualmente se previenen y hasta tratan con buenos resultados para garantizar sobrevida mayor a 30-40 años. Afirmaciones recientes del destacado infectólogo nacional G. Porras.

Sin embargo, otras enfermedades todavía no han tenido respuesta satisfactoria, como la mayoría de cánceres, malformaciones congénitas y ciertos procesos neurodegenerativos como la enfermedad lateral amiotrófica (ELA) (caso S. Hadking) y alzhéimer. El desgaste físico, emocional y económico que producen al paciente y su entorno es demasiado severo. Lo agrava la carencia de programas institucionales que brinden cobertura. 

Sobre esto mismo existe el dilema bioético de lo que  Debe y No debe hacerse en materia de atención médica, psicológica y psicosocial, partiendo de la evidencia del costo beneficio de prolongar una evolución poco favorable y hasta dolorosa para el propio paciente y su familia. 

Se consideran entonces situaciones científicas, culturales idiosincráticas y hasta religiosas de los grupos humanos alrededor del afectado. La llamada percepción subjetiva de cada uno y hasta del propio paciente, quien muchas veces RUEGA que lo dejen marchar al no soportar una enfermedad, negociando la salida con otros que no reciben directamente su sufrimiento.

Garantizar una atención en salud integral y de calidad cuesta mucho dinero, por tanto, quienes administran los recursos públicos deben decidir basados en el costo-beneficio, y casi siempre optan por los grupos infantiles, juveniles, mujeres y población económicamente activa (la que produce riqueza). Justificado o no, esa es la realidad en el tercermundismo.

¿Qué pasa cuando una persona presenta enfermedades incurables o terminales? La respuesta varía según un factor determinante: su capacidad económica de enfrentarla. La atención pública carece de capacidad de repuesta y opta por compartirla con las familias, quienes casi siempre prolongan la agonía en espera de un milagro, que casi nunca llega. Al contrario, en el servicio privado (que puede pagar todos los costos o tiene quien los pague) dicha atención se vuelve generosa, pues los fondos responden. En ambos casos, quien sufre directamente no es el que decide lo que se debe hacer o dejar de hacer. Son los otros. ¿Egoísmo justificado?

¿Qué papel juega la bioética en todo esto? Partamos que es la responsabilidad de proceder con responsabilidad, respeto y dignificación de la vida de un ser humano y no simplemente la urgencia de seguir manteniendo viva a una persona, independiente del grado de satisfacción de su día a día, de su dignidad. Imaginemos a una persona con discapacidad cognitiva (alzhéimer), quien depende de otros para comer, beber, asearse, para vivir. De una persona que su lesión medular lo hace dependiente hasta para comer, defecar o miccionar. De una persona que padece un cáncer terminal cuyos dolores no le permiten conciliar el sueño, de quien para seguir viviendo necesita de tubos en una unidad de cuidados intensivos.Humanicemos la atención. No prolonguemos sufrimientos... ¿eutanasia? Quizás no estemos preparados para eso. Mejor aprendamos procesos de bien morir, con dignificación, sin dolor, sin sentimientos compasivos o de lástima, pensando primero en quien sufre directamente y en sus seres queridos, que también sufren todo 
el proceso. 

Recordando al estimado padre Goyo (Gregorio Smutko, de la Orden Capuchina), al final de sus días  nos decía que debíamos aprender a bien morir, cuando de un proceso irreversible o incurable se tratase. Amar hasta el final y darle gracias a la vida por el tránsito fugaz permitido. Evitémosle traumas y procedimientos innecesarios, abracémoslos y hagamos que siempre tengan una sonrisa en sus labios entes de la partida final. Eso es lo que podemos ahorita. Quizás mañana haya para más.

Eso es morir dignamente y en paz.

Salud para todos.

* Médico

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus