Carlos Andrés Pastrán Morales
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Acechando las ciudadelas va, los graneros, las praderas, las montañas, los pueblitos, viajando en una aventura sin fin. Con su capucha negra, alta y el rostro blanco con detalles pálidos y oscuros. Ojos huecos, nariz de hueso y una boca con dientes y colmillos afilados. Sombría, miedosa y escalofriante se le ve diariamente deambular y preguntar a las casualidades del destino direcciones para encontrar a su siguiente víctima. 

Levanta su hoz, da un hachazo y ¡zas! la vida se te ha terminado, sin saber cómo, cuándo, por qué… Simplemente disfrutás el hecho de ya no estar más en aquel mundo cruel y real, o puede ser que al contrario, y te encontrés confundido y llorando.

Mientras el tiempo corre, se escucha el tic toc, los minutos pasan, las horas pasan, los meses pasan, años pasan, el tiempo se pierde y te toca la hora sin haber logrado un mínimo cambio en la vida de los demás, en el país, ni siquiera en vos mismo. 

Simplemente cae tu cadáver enterrado dentro del ataúd en una tumba que nadie visitará si sos descuidado, despreocupado, boludo, haragán y no querés un futuro mejor para vos y para los que te rodean, pasará cuando seás nadie, cuando desaprovechés las oportunidades y no querás hacer algo en tu vida. Entonces así esa cosa oscura te buscará y tras la hojalata mirarás tu reflejo diciendo adiós a todo el mundo.

Emprenderá de nuevo su búsqueda, esta vez por personas sin valores, sin alma y sin corazón, que se apoderan de las calles, de los barrios, de la misma gente, despojándote de tus pertenencias, de tus cosas, de tu dignidad, para comprar su alimento, su sustento, su droga y volver a empezar el ciclo de sus miserables vidas. Si sos uno de esos ladrones maldecidos a diario, ella te buscará y te encontrará fácilmente. Te agarrará del cuello, te levantará y te dirá como por milésima vez que no valés nada en este mundo siendo una sabandija buena para nada, matando almas, matando vidas, matando todo a tu paso, a tu familia, amigos, extraños, solo por creer ser mejor o por simplemente estar en descontrol. Buscate una vida y sé mejor, estudiá, viví y repará todo lo dañado.

El gran presidente de Estados Unidos Benjamin Franklin dijo una vez que “en este mundo no hay nada cierto, salvo la muerte y los impuestos”. 

De ser así, ella te evitará y comenzará su cacería por los corruptos, por los grandes con poder económico, los que compran gente, los que lavan dinero, los que propician al mal. Pues ellos viven de eso, del mismo consumo de la gente que los manda por el precipicio de la ruina, por la miseria y por la casi imposible salida de ello. Los cazará, los comerá y dejarán de existir.

Así es ella, nunca se sabe bien qué quiere, qué busca, qué anhela. Solo rastra, acecha, investiga las verdades de la vida y ataca cuando es necesario. 

La muerte vive entre nosotros, en nuestras casas, a lado nuestro. Vive con todos y en todos, esperando ese decisivo momento en donde te apuñala por la espalda por ser mala o buena persona.

A veces hasta las mejores personas se van sin necesidad, pero en momentos así es mejor subirse los pantalones y pesar y reflexionar, además, prepararse por si acaso te toca ser el próximo de la lista. Ya lo dicen los Evangelios, hay que estar preparado todos los días con la lámpara encendida. 

Y como dice el pensador Gregorio Marañón: “Nadie más muerto que el olvidado”. 

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