Jorge Eduardo Arellano
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Vime (seudónimo inicial de Vidaluz Meneses: 1944-2016) creía en la trascendencia literaria. Por eso se empeñó, al final de sus días, en obtenerla a través de dos obras significativas. Una: la compilación de sus poemas completos traducidos al inglés. Y otra: la escritura de su autobiografía, iniciativa que entre las mujeres de su generación solo habían acometido la letrada integral Isolda Rodríguez Rosales y la inefable diva Gioconda Belli. En consecuencia, paso a ocuparme de ambas tareas.

La primera fue ejecutada por la experta estadounidense Maria Roof, editora y traductora excelente de Flame in the Air (Llama en el aire) que Casasola Editores publicó en Brimfield, Massachusetts, 2013: un volumen de 445 páginas, precedido de introducciones a la vida y obra de Vime, conteniendo sus cuatro poemarios. A saber: Llama guardada (Guarded Flame) de 1975; El aire que me llama (Air That Call Me) de 1982; Llama en el aire (Flame in the Wind) de 1990; y Todo es igual y distinto (All is the Same and Different) de 2002; también se incluyen cinco poemas y dos textos en prosa no recogidos en libro.

En uno de ellos, Vime declara que en su vida no pudo separar poesía, fe cristiana y revolución. Mejor dicho, su fanática entrega al proceso revolucionario de los ochenta desde el poder ejercido como funcionaria del Ministerio de Cultura y brazo derecho de Ernesto Cardenal. Ella estaba convencida de que “la revolución se hacía para adelantar el Reino de Dios aquí en la tierra”; así vivió ese proceso a plenitud ––como lo reconoce–– “en un estado de exaltación permanente”. Y todo ello se refleja en su poesía. 

Esta tuvo una amplia proyección en antologías nacionales y extranjeras, además de suficiente recepción crítica en las estudiosas Teresa Anta San Pedro, Alba Aragón, Cristina Guzzo, Frances Jaeger, Margarita López Miranda, Nydia Palacios Vivas, Pilar Moyano, Kathryn M. Peters y Danielle Raquidel, entre otras. Asimismo, asediaron su poesía varones como Luis Rocha, Luis A. Jiménez, Rick McCallister, Carlos Perezalonso, Julio Valle-Castillo y Álvaro Urtecho, su mejor exégeta, al considerarla “la experiencia de una mujer apasionada, sensible a los problemas sociales y políticos, resguardadora también del misterio insondable y las revelaciones que hacen crecer la llama ––¡la llama eterna de la poesía!–– más allá de fechas y lugares, de los actos y los hombres, de la historia y de la propia ceniza”.

Sin embargo, el aporte poemático de Vime resultó modesto y convencional si la relacionamos con los de sus compañeras generacionales (Najlis, Gómez, Belli, Zamora, Murillo); más aún: sin mayores vuelos. Y su temario más socorrido ––rutina oficinesca, retratos y recuerdos familiares, afirmación y liberación feministas, estampas revolucionarias e impresiones viajeras–– no trasciende la medianía. Eso sí: manejando un mesurado versolibrismo que solo una vez abandonó al facturar el forzado soneto “Amor en cualquier tiempo, II”, que, por supuesto, está muy lejos de ser antologable, como otros de sus poemas: “Cuando yo me casé”, “Yo amanezco persiguiendo un canto”, “Bonanza”, “Mujer cachiquel” y “La María Shangai”. 

En cuanto a Balada para Adelina / Memorias, lanzada por Ediciones Centroamericanas Anamá en mayo de 2016, Vime se acreditó un logro. Es decir: cumplió con el objetivo de contar su vida a través de recuerdos inevitablemente selectivos. Un recuento de su infancia, adolescencia y juventud; de la década revolucionaria y de lo que ella llama “La gran aventura del Ministerio de Cultura”, del “jaque mate” de esa entidad en 1988 a causa de la “compactación” del Estado y de la derrota electoral del FSLN el 26 de febrero de 1990, acontecimiento que le condujo a escribir el apreciable poema “Muro de lamentaciones”.

Con un “Epílogo” de quince párrafos sobre la “Década de los noventa”, Vime termina sus memorias amenas y sinceras, en las que no oculta ––como feminista de convicción–– el maltrato conyugal, físico y sicológico, que sufrió, ni ––ya separada–– su relación amorosa con Roberto Fernández Retamar, intelectual orgánico de la revolución cubana. Entonces yo me refería a ella como Retaluz Vidamar.    

Convencida siempre de su fe cristiana como necesidad vital, Vime tuvo la dicha de ver crecer y disfrutar a sus catorce nietos y de atender a su madre, ya anciana, residente en los Estados Unidos. Y concluye “Ahora rezo  por la paz mundial, por los migrantes, por la salud de todos y cada uno de mis seres queridos”.

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