Orlando López-Selva
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Parece que detrás de bambalinas se está cocinando un acuerdo  entre el Gobierno del presidente Chino, Xi Jinping y la Santa Sede.

El acuerdo se anunciaría en noviembre. Este le daría control al Estado Vaticano para nombrar obispos en China —un país de  unos 12 millones de católicos. Y acercaría más al gigante imperio asiático con la minipotencia occidental. Hoy ambos Estados no tienen lazos diplomáticos.

Y como Taiwán ha mantenido lazos diplomáticos con el Vaticano, esto constituiría un obstáculo, pues los continentales le pedirían al Pontífice, romper con el Gobierno de Taipéi.  

¿Por qué estos dos Estados milenarios importantes hasta hoy muestran deseos de encontrar puntos de coincidencia?

¿Liderazgo u oportunidad?

Hay un buen antecedente. Vietnam (otro Estado totalitario)  estableció hace poco relaciones con la Santa Sede.

China es la segunda potencia global y un gigante geográfico.  

El Estado Vaticano tiene estadísticas precarias. Pero cuenta con unos 200,000 curas alrededor del mundo que le siguen, informan, hacen propaganda y sirven a la causa de su credo;  maneja información valiosísima desde hace dos mil años. Son precursores de la diplomacia extracontinental. Casualmente, el Vaticano tuvo las primeras incursiones en Asia cuando Marco Polo (un aventurero cultural y diplomático de dos mundos) viajó a la China y otros países del extremo Este, llevando mensajes de buena voluntad y regalos de los pontífices — siglos XIII y XIV.

China es un monstruo económico, militar, y tecnológico, de cultura milenaria, pero entusiasmado por el futuro; el Vaticano, un minúsculo Estado, cuasi medieval, aturdido por los retos de la modernidad. Son dos Estados de impulsos contrarios.

Siempre he sostenido que mantener relaciones diplomáticas con el Vaticano rompe con el concepto de soberanía absoluta. Los súbditos cristianos-católicos se constituyen en  provincias dispersas, tuteladas bajo la total autoridad pontificia.

La Santa Sede es territorialmente pequeño. Pero, no así por el número de sus seguidores —más de 1,200 millones de hombres y mujeres en sus provincias eclesiásticas del orbe.

Si el papa Francisco logra cerrar un acuerdo con Beijín, estaría  logrando una victoria diplomática: entenderse con una potencia que lo adversa ideológicamente y controla a sus creyentes. Y sería un primer paso para luego establecer relaciones plenas con la superpotencia asiática.

China necesita estar bien con Occidente (¡y con todo el mundo para extender y fortalecer sus valores e intereses!). De otra manera, su liderazgo se vería cuestionado. El Estado que no tiene victorias diplomáticas, se desprestigia.  

Pero para que prevalezcan los intereses espirituales vaticanos, se necesita que haya un clima de libertad, respeto y tolerancia para los cristianos-católicos en China. Y a Beijín no le agrada esa idea, pues perdería control sobre las ligas católicas que también obedecen al Partido Comunista.

La redacción de textos diplomáticos es un arte sutil. Se trata de reproducir ideas precisas y sin ambigüedades, preservando los intereses propios, para que el adversario los acepte sin inmutarse.  

Beijín quiere tener aliados. Ha centrado su política exterior en: 1) desarrollar exponencialmente su economía y exportaciones; 2) firmar múltiples acuerdos de libre comercio; 3) invertir donde saque materias primas baratas; 4) desescalar el avance diplomático taiwanés; 5) venderse como una potencia comprometida con soluciones pacíficas, sin enfrentarse a nadie (Esto no rige para El Tíbet, donde intervino y mantiene férreo dominio militar).

En el Vaticano, cada Papa impone su ritmo. Pero el Estado como tal, parece mantener tres objetivos políticos: 1) ejercer liderazgo en un mundo cambiante y desafiante; 2) modernizarse y ajustarse a los nuevos tiempos, sin abandonar sus poco flexibles principios morales; 3) propiciar la paz y la bondad entre la humanidad, invitando a otros a adoptar posturas menos egoístas y más solidarias.

Beijín es hábil y tiene sabiduría acumulada. Sabe lograrse aliados y maniobrar fácilmente, con todos los recursos que hoy dispone.

Los católicos chinos son menos del 1% de su población; pero la vocería del Papa tiene alta resonancia moral y global. Beijín no  debe tener al Papa como adversario.

¿Cómo hará la Santa Sede para prevalecer, ante un Estado secular, totalitario y de líderes ateos?

Además que Beijín incluso nombra hoy a los obispos en China.

Creo que China hará concesiones para después cobrarse muy bien.  

¿Francisco sumará más éxitos como diplomático: Cuba, sus conversaciones en La Habana con el Patriarca Ortodoxo ruso Cirilo, tal vez China?

Si El Vaticano logra un acuerdo con Beijín, sería extraordinario.

Estoy convencido de que El Vaticano sabe cómo hacer bien las cosas; mientras que China sabe muy bien hacia dónde dirige sus pasos.

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