Miguel De Castilla Urbina
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En diferentes escritos, en conferencias y hasta en dos libros, La Universidad contra la Universidad (1998) y La Reforma Universitaria, Troya y mi Idea de Universidad (2008), hemos  pregonado la hipótesis acerca de que en las actuales circunstancias, y más aún en las del cercano y lejano futuro, es materialmente imposible que la universidad y demás centros de educación superior, puedan enseñar a los estudiantes todos los conocimientos que estos necesitan aprender para su desempeño durante su vida profesional.

Por este motivo, fácil de comprobar con los graduados de todas las profesiones en cualquier país del mundo, hemos propuesto que la universidad, simultáneamente, a la vez que introduzcan y sumerjan a los estudiantes en las complejidades de la teoría y el método de la especialidad de sus carreras, les aconsejen sobre la práctica de los valores propios de una sociedad éticamente sana, también les enseñen a continuar aprendiendo durante toda la vida, (autónoma, independientemente) camino a seguir actualizando, ampliando y profundizando esos conocimientos, una vez que hayan egresado de la misma.  El método a través del cual los estudiantes universitarios continuarán aprendiendo por su propia cuenta, después que hayan egresado de las aulas universitarias es la investigación.

De esta manera, tarea fundamental de la universidad debe ser enseñar a investigar.  La universidad que no enseña a investigar a los estudiantes para continuar aprendiendo durante toda la vida, cumple solamente una parte de su misión y encargo social ante la velocidad y crecimiento exponencial de los conocimientos producto de la revolución científica y técnica, más temprano que tarde caducará y se tornará obsoleta.

Pero la investigación universitaria no sirve solamente para aprender a aprender, ella también  sirve para producir nuevos conocimientos, los que cuando van asociados a la producción de nuevos bienes y servicios o al mejoramiento de los existentes para ser presentados en la disputa del mercado, se transforman en innovaciones, las que son fundamentales para la modernización y el desarrollo económico y social, en especial de los países empobrecidos de la periferia capitalista.

En años recientes, ante los problemas del desempleo juvenil, en especial de los recién graduados de la educación superior, ha surgido toda una ideología alrededor del emprendedurismo, la que ha encontrado terreno fértil y fácil asocio y acomodo con el discurso de la innovación.  La relación que se construye entre innovación y emprendedurismo se produce cuando una innovación es convertida en pequeña o mediana empresa.  En este contexto, desde hace algunos años, parte importante de los lenguajes de la academia latinoamericana y aún más de los del sector empresarial, reclaman la articulación entre las instancias gubernamentales de ciencia y tecnología, los gremios privados y las instituciones de educación superior.

No obstante, la investigación, la innovación y el emprendedurismo y sus mutuas interrelaciones, más que un problema burocrático e institucional, es una cuestión de carácter cultural, en cuya base se construyen todos los procesos a través de los cuales se reproducen las regularidades sociales, especialmente las de tipo educativo.  Para cumplir con este propósito, la acción de las universidades y de todo el sistema de educación formal es fundamental, pues ya no se trata, como lo expresamos al inicio de este artículo, de enseñar y aprender solamente la teoría y el método de las especialidades, sino que también de lo que se trata es de aprender también nuevas competencias, que como ejes transversales deben atravesar todas las obligaciones curriculares de las carreras.

En este orden, las nuevas competencias que en las actuales circunstancias deben ser atendidas por la educación superior serán: Investigación (las universidades deben enseñar a aprender a investigar); innovación (las universidades deben enseñar a aprender a innovar); emprendimiento (las universidades deben enseñar a aprender a emprender), las tres sensibilidades como un solo contenido curricular articulado en movimiento ascendente hacia adelante.  En suma: el nuevo graduado universitario, según esta apuesta, será aquel que a la vez que conoce y maneja las ciencias y las artes de su especialidad, manifiesta también una actitud favorable y demuestra aptitudes y capacidades para desempeñarse eficientemente en los campos de la investigación, la innovación y el emprendimiento.

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