Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El primer poemario de Raúl Orozco (Managua, 4 de agosto, 1946-16 de junio, 2009) se titulaba Pequeño tiempo (Heredia, Editorial Territorio, 1973). Entonces, a consecuencia del terremoto, sobrevivía a los 27 años en el país vecino, donde también dio a luz a los 28 un segundo poemario: Suprimo mi silencio (San José, C.R., Imprenta Metropolitana, 1974). Pero en ambos títulos, predominando el eco carlosmartinezco, apenas aportaba antihomenajes tendientes al parricidio (“A José Koronel Urtecho” y “Pac-tos”, por ejemplo) y, sobre todo, la certeza de su poetizar en “Fe de erratas”: “Fallé. Fue mi culpa; pero / también hubo una flor azul / impregnada en la noche”.

El cultivo de esa flor azul —símbolo de la poesía de Occidente— sería demasiado lento. A Orozco le fue muy difícil insertarse en el establishment literario, dada su opción, o pose, de poète maudit. Por eso en octubre de 1994, cuando apareció el Diccionario de autores nicaragüenses, lo consideré un poeta malogrado. Sin embargo, reconocía su potencialidad y la ejecución de un poema excelente: “La muerte”, incluido —ese mismo año— en mi Antología general de la poesía nicaragüense. En otras palabras, lo rescataba de un posible olvido, como me lo había rogado en la dedicatoria manuscrita de su tercer poemario: Torrente acero (Managua, Vanguardia, 1991), suscrita el 23 de abril de 1996.

Dos de las tres secciones de este poemario ya eran de mi conocimiento: “Los había concebido su autor para difundirlas en 1983 bajo el título de Apuntes sobre mi corazón y otros panfletos, pero fue en la década siguiente que se insertaron en dicho poemario, excepto el poema extenso, muy lejos de ser desdeñable, “Apuntes de mi corazón” que Ricardo Llopesa publicó —remitido por mí— en Ojuebuey, revista de Valencia, España. En consecuencia, seguía rescatando a Orozco de un futuro olvido.

Mas esta tarea ya no requirió de mis recursos. En 1995 Raúl editaba su cuarto poemario: Asociación para delinquir y otros delitos (Managua, Promotora Cultural Buen Día) y, diez años más tarde, el quinto: Música de la música (Managua, 400 Elefantes, 2005). Con esta obra, Orozco completaba una apreciable, digna obra en verso; pero lamentablemente fue excluido del canon impuesto por Julio Valle-Castillo en el tercer tomo de la antología El siglo de la poesía en Nicaragua (también de 2005), sin alegar razón alguna.

El antólogo susodicho no tomó en cuenta el fervor de los cinco poemarios de Orozco. Ni que sus poemas se habían traducido al alemán (fue incluido por el romanista Kajo Niggestich en una antología de poesía latinoamericana), francés e italiano. Ni que su poemario Torrente acero había sido traducido al francés, con un estudio preliminar, por Norbert Bertrand-Barbe: Torrent d’Acier (Le Chesnay, Bès Editions, 1993). Ni que figuraba en la antología bilingüe —alemán español— de Poesía contemporánea nicaragüense: Brot der Herzens / El Pan del Corazón (Iniciativa Cultural Alemana/Nicaragua, 2005), coordinada por Carlos Ampié Loria. 

Pero su proyección internacional más significativa la obtendría en 2014, cuando David Traumann tradujo al inglés 41 poemas —procedentes de los poemarios anteriores y de uno inédito e inconcluso: Polvo de estrellas / Imaginaciones verdaderas— en la antología bilingüe La flor azul / The Blue Flower, prologada por Erick Aguirre Aragón. 

A raíz de su muerte, el Nuevo Amanecer Cultural le rindió homenaje. El mismo Aguirre Aragón colaboró con una semblanza totalizadora, definiéndolo como “Un espíritu en zozobra”, además de Roberto Sánchez Ramírez, Isolda Rodríguez Rosales y Lily Soto Vásquez. Todos ellos íntimos amigos que lo conocieron “como crítico mordaz de todas las desviaciones del poder —puntualizó Lily—. Heredero de Beltrán Morales. Acucioso en el detalle para reírse de todo y de todos. Humor negro, pero sabio. Vulgareaba al más pintado con todo y toga”.

Erick, por su parte, advirtió en su poesía “un equilibrio nada fácil y poco común entre el compromiso social y el compromiso estético. No es experimental, ni programática, ni impulsada por algún apriorístico afán de modernidad o por simple necesidad de denuncia social. Es una poesía de vocación humana no demasiado voluminosa en su conjunto, pero sólida, estructurada y muy intensa”. Finalmente, acotó: “Si no fuese por esa casi clandestina complicidad entre colegas, o por las constantes reuniones terapéuticas en nuestros bares preferidos, los últimos años de su vida hubiesen sido una gris, irremediable sucesión de frustraciones”. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus