Carlos Andrés Pastrán Morales
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Me desperté como siempre en la mañana, entre las 6:00 y 6:30, me levanté y senté en el borde de la cama pensando en la pereza enorme que da seguir la rutina. Me quedé ahí medio muerto pensando en nada y viendo fijamente el suelo. En un momento reaccioné y decidí bañarme. Me alisté para ir a clases. Tomé el bus y pronto estuve en el aula de clases, como siempre todos los días.

Me perdí entre miles de millones de palabras de los libros para estudiar, escribí conceptos dictados y ejercicios complicados. Calculé, entendí y me confundí. Hablé con mis compañeros, estupideces y cosas importantes. Me preocupé como siempre por las orientaciones e informes que hay que entregar. Y en toda esa bola de cosas que se hacen a diario, solo pensé: “Quiero unas vacaciones”, “¡que pereza todo!”, “¡que estrés!”.

Al pasar las horas del día, este se vuelve más pesado, más caliente y más lento. Tener que pasar escuchando tonterías mías o de los demás, ver gente, saludar personas, hacer favores por obligación y por querer, aguantar malas caras y tomar todo personalmente. Qué raro que es todo, a veces no se sabe si uno es así o todos somos así. A veces tenemos esa sensación o pensamiento rápido de cómo nos verán los demás mientras nosotros sobrevivimos a cada día que pasa.

Como todo joven, la política, los problemas de los adultos y sus sentimientos, las cosas de las demás personas, sus acciones, casi todo da igual, a menos que tenga que ver con nosotros.

Pronto regreso a casa, directo a descansar, para luego dejar todo a última hora y estresarme más, porque así he llevado mi rutina, modificándola y destruyéndola. Termino mis deberes y doy un gran respiro de un minuto del alivio. Luego me acuesto y comienzo a pensar de todo.

Sentirnos bien con nosotros mismos es un alivio, no tener que estar pensando en qué dicen los demás de mí, qué hacen los otros, con quién andan los otros, si me invitan o no, si son alcohólicos, drogadictos… Al final del día, lo único que necesitamos es ese momento a solas para pensar en nosotros, qué haremos, cómo lo haremos, qué debemos cambiar y hacer las cosas que nos gusta hacer, solo para estar tranquilos y despertarnos al día siguiente para seguir con la misma rutina.

Y entonces, el pasar de los días con todas las actividades que se hacen a diario puede ser pesado. Aguantar a personas, regaños, gritos, clases, profesores, es duro. Hacer tareas, trabajos, informes, es un tanto complicado que a veces hasta se nos olvida comer. Pero en esos momentos a solas, o esas cosas que nos pasan y queremos cambiar, hacen también que pensemos bien las cosas. 

Las actividades que hacemos diario tienen una causa, querer ser alguien en la vida, y la consecuencia de esto es la que nosotros nos iremos creando mientras pasen los días así como siempre. 

Ser alguien exitoso o ser alguien que nosotros queremos ser es cuestión de ponerse las pilas, levantarse de la cama y trabajar, estudiar, leer y vivir. Al levantarme digo: ¡arriba muchacho, el mundo te espera! ¡Arriba que hay mucho por descubrir y por disfrutar, sobre todo la vida!

Allá afuera hay lugares donde jamás hemos estado y que nunca estaremos preparados para estar, pero esforzándonos tendremos una idea de cómo es estar ahí, y con el paso del tiempo, sin miedo y con motivación llegaremos a ese lugar y más profundo todavía. 

Lo que necesitamos es más de esos días aburridos, estresantes, calientes y llenos de clases, más pensamiento y motivación nuestra. Algún día nosotros seremos esos adultos que hablan de cosas que ahora nos da igual, pero mientras seamos jóvenes, es mejor prepararse e ir conociendo esos temas de los cuales estaremos hablando años después, es decir, tenemos que prepararnos y observar el desarrollo de este mundo y de este país del que nosotros seremos la esperanza o la frustración. 

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