Adolfo Miranda Sáenz
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El resultado de las elecciones no fue ninguna sorpresa; está de acuerdo con lo proyectado por las encuestas. El gran ganador fue el presidente Daniel Ortega y el Frente Sandinista con más del 70% de los votos. Sin restarle méritos al buen manejo de la economía, a la concertación gobierno-empresarios-sindicatos, a los programas sociales, la estabilidad, reducción de la pobreza y lograr el cuarto mayor crecimiento en América del PIB anual sostenido, su victoria es también fruto de una oposición dedicada a autodestruirse, con un discurso desfasado en los 80, sin propuestas, dividida,  sin alternativas para el pueblo. 

Las buenas notas en lo económico y social obtenidas por el presidente Ortega no son iguales en lo democrático e institucional. Aunque es evidente que al pueblo le importa mucho lo primero y poco lo segundo. Pero eso debe mejorarse, corregirse, superarse, pues las deficiencias en lo democrático e institucional son un peligro para lo económico y social. Es urgente que el presidente Ortega haga en lo político algo similar a lo que ha hecho en lo económico: diálogo y concertación. Y allí entra en juego la nueva oposición legitimada y fortalecida por los votos de estas elecciones -aunque todavía pequeña, pero destinada a crecer-. La lógica, la coyuntura internacional, el diálogo gobierno-OEA y otros factores apuntan hacia un diálogo nacional entre el presidente Ortega y la oposición parlamentaria encabezada ahora por el PLC, primera fuerza opositora, para concertar reformas democráticas e institucionales.

Esto debe desembocar en unas elecciones municipales -que tenemos a la vuelta de la esquina- que superen las cosas que hay que mejorar;  y luego las elecciones nacionales del 2021, con todas las garantías y absoluta transparencia. No olvidemos que en el 2018 se vencen los períodos de los actuales magistrados del CSE y se ha de conformar otro.

El PLC no ganó las elecciones, pero ganó lo que razonablemente muchos liberales esperábamos. El PLC renació y se puso al frente como la primera fuerza de oposición. Ahora toca no repetir errores del pasado, consolidarse, fortalecerse, y tener la capacidad de formular una estrategia eficiente que pasa por la capacidad de diálogo y concertación política con los sandinistas, que es el camino que claramente se le abre a Nicaragua. Antes casi extinguido, hoy el PLC tendrá una respetable presencia parlamentaria que incluye a Maximino Rodríguez como candidato del segundo puesto; tiene fogueado su ejército de fiscales, sus cuadros directivos a nivel nacional, y se garantizó los primeros y segundos miembros en las estructuras del tendido electoral.

La abstención fue similar a la del 2011 que fue del 36%. El grupo de los “no voto” demostró no tener respaldo popular. Desde las encuestas del 2013 hasta ahora nunca obtuvieron más de la mitad de las simpatías del PLC, nunca lograron concentraciones populares de más de un centenar de  personas, y el voto nulo fue mínimo. Probablemente por eso –aunque no hubieran perdido la casilla del PLI- no pensaban participar hasta el fin en estas elecciones, como se lo confesó el licenciado Eduardo Montealegre al ingeniero César Zamora. Un periódico, una radio y otros medios inflaron y vendieron una fuerza política ilusoria. Pero sería bueno que dentro del diálogo nacional se les pueda incluir y se legalicen como partidos. Dependerá de ellos. Si sus intenciones son avanzar en democracia, institucionalidad y preservar el progreso y la paz conviviendo fraternalmente, será posible. Si su meta es destruir al Frente Sandinista (como casi destruyeron al PLC) e insisten en descalificar a los otros opositores llamándoles pactistas –como si todo pacto fuera malo-, entonces se auto excluirían.

Tenemos la oportunidad de avanzar en la democracia que merece Nicaragua, donde todos convivamos en paz, sin revanchismo ni odio. Donde quien gane no lo gane todo y quien pierda no lo pierda todo.

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com 

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