Ricardo Coronel Pichardo
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¡Qué duro es estar en minoría!

Me acuerdo como que fue ayer cuando junto a centenares de miles de sandinistas hacía fila en las juntas electorales para depositar mi voto en las elecciones de 1990, 1996 y el 2001, para deshacerme de los candidatos Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Me fue pésimo. Cuando al caer la noche, los observadores electorales (de instituciones extranjeras o caitudos financiados por instituciones extranjeras) comenzaban a dar “resultados preliminares no oficiales” adversos a mi partido, ya yo caía en la cuenta que “otra vez” nos habían ganado. ¡Qué frustrante es estar en una minoría, sobre todo en una minoría apasionada!
Amigos, no lloren y hagan su trabajo.

En 1996 las irregularidades en el proceso fueron rampantes. Nuestras denuncias fueron masivas, al igual que lo fueron nuestras movilizaciones. Ni los impecables “observadores” ni los medios “demócratas” locales, ya no digamos internacionales, recogieron nuestras masivas denuncias. Por el contrario, todos se apresuraban a sacar comentarios positivos sobre el desarrollo de los comicios, junto al Departamento de Estado de los EE. UU. El país de la “democracia perfecta”, “perfecto récord de derechos humanos”, y “juez y amo absoluto” del planeta.

A pesar que los famosos “observadores” reconocían en privado la farsa electoral, en público nos hacían llamados a reconocer los resultados. Ahí nos aclaramos que el voto de centenares de miles de sandinistas no iba a ser jamás defendido por nadie más que por nosotros mismos. Tras esa derrota, asumimos la responsabilidad y nos pusimos a trabajar. No, no le echamos la culpa a nuestro conflicto interno con el Dr. Ramírez y su grupo de tránsfugas, ni al Gobierno de turno, ni al Consejo Electoral -que estaba entonces bajo la influencia directa de estos últimos. ¡No le echamos la culpa a nadie!   

Nuestro partido y su base de apoyo, bajo el liderazgo de Daniel Ortega, teníamos la capacidad de paralizar el país. ¿Pero más bien que hicimos? Hombre, pues respiramos profundo y concentramos nuestras esperanzas y esfuerzos en las siguientes elecciones. ¡Las que también perdimos! ¡También reconocimos! y ¡también superamos!

Nada de historias patrias. Les ganamos la partida antes, durante y después de los comicios.

La primera oportunidad que tendría nuestro partido de ganar una elección no llegaría sino hasta el 2006. Entonces, a los amigos que se quieren deshacer de Daniel Ortega les digo: No me salgan con historias patrias sobre el por qué ni como perdieron las elecciones, no le echen la culpa a su -torpísimamente mal manejada-  división interna que tuvieron que llevarla a una corte estatal donde no tenían ninguna simpatía.  

No me interesan sus problemas internos, pero no tenés que ser un doctor en ciencias políticas para saber que mis amigos carecen de liderazgo, de propuestas atractivas, de disciplina -todos hablan al mismo tiempo y envían mensajes confusos-, y de capacidad de movilización. Pero bueno, el peor clavo que tienen es que no tienen causa, y como ya sabemos, una causa no se puede inventar.

Recuerdo que cuando el PLI tenía su litigio interno en la corte, la alta dirigencia que en ese momento manejaba su partido, comenzó a decir “en privado” que “su partido” abandonaría la contienda electoral unos días antes del día de las votaciones para deslegitimarlas. Amigos, ¿A quién se le puede ocurrir cometer semejante torpeza y todavía tener la expectativa de salirse con la suya? ¿Cómo se les puede ocurrir que con esas vivezas de ratón iban a darle una lección a Daniel Ortega y al FSLN? Pero bueno, esto refleja una de sus grandes debilidades: sobreestimar sus propias capacidades y subestimar las nuestras, las de Daniel y ahora de Rosario.

Y de ribete, tienen mala suerte.

Si a alguien se le ha olvidado el concepto de “entrar con los pies hinchados”, aquí se lo recordamos: en el año previo a las elecciones, el hermano -que además es hasta físicamente parecido- del principal “líder” del movimiento de mis amigos, estafa a decenas de personas muy conocidas en el ámbito empresarial y profesional, entre ellos, ¡a unas monjitas! Creo que, nadie cuyo hermano estafe a unas monjitas tiene futuro en la política. Lo único acertado que ha hecho nuestro amigo dirigente ha sido retirarse.

La abstención y las aritméticas de Mandraque el mago.

Mis amigos refugian ahora su cadena de fracasos en el cuento de la abstención. Hagámosle la prueba a su aseveración. Ellos dicen que se abstuvo el 78 % del padrón electoral, otros dicen que el 74% y hasta el 70%. Si la abstención fuese de 70% (ya no digamos más), quiere decir que solamente el 30% del padrón electoral salió a votar. Según los registros del Consejo Supremo Electoral – que no pueden refutar- votaron cerca de 2.6 millones de nicaragüenses, y esos son el 30% del padrón que dicen mis amigos que salieron a votar, implica -por simple regla de tres- que el 100% del padrón sería de 8.6 millones ¡Más de 8 ½ millones de personas! Cuando el padrón electoral de Nicaragua es apenas de 3.8 millones de personas.  ¡Sean serios amigos!  sean honestos con ustedes mismos y acepten su fracaso.

Los esperamos en el 2021, les aconsejo se preparen.

*El autor es ingeniero Agro-forestal egresado la Universidad de Maine, y es productor privado.

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