Jorge Eduardo Arellano
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Las elecciones generales del 21 de mayo de 1950 fueron ganadas por Somoza García con más de las tres cuartas partes de los ciudadanos inscritos que asistieron a los comicios. El total de los votos depositados  por los dos partidos históricos fue de 202,692. El período que le correspondía ejercer al candidato victorioso era de seis años y se iniciaría el 1ro de mayo de 1951. Es decir, un año después de haber sido electo. Las elecciones eran producto de un pacto político, suscrito el 3 de abril de 1950, entre los jefes de ambos partidos tradicionales: el propio Somoza García ––de 54 años––, representando al Partido Liberal Nacionalista y Emiliano Chamorro ––de 79––, al Partido Conservador.

Pero dicho pacto, había sido planificado por la CIA desde diciembre de 1949 utilizando de intermediario al abogado de la United Fruit Company en Costa Rica Roberto Gutiérrez Silva, a quien Tacho confió —durante las pláticas previas— estas expresiones: “Decile a Emiliano que yo lo he querido mucho desde cipote, pues para mí fue El Hombre… Este negro [aludiendo al mismo Chamorro] quiere apearme de esta mula, pero su tiempo ya pasó y yo no me apello así no más… Aquí en Nicaragua la única Constitución que vale es la que dice: 'aseguratam reatam' y los demás son babosadas”.

Este acuerdo, conocido como Pacto de los Generales, era un ejemplo de arreglismo cortoplacista y de naturaleza prebendaría, ya que abría las puertas a los conservadores para obtener una apreciable participación en el Gobierno y beneficiaría económicamente a sus firmantes. En efecto, estuvo precedido por un negocio particular entre ambos. La Compañía Nacional de Productores de Leche, S.A. (mejor conocida como La Salud) fue reorganizada en febrero de 1950 con Chamorro como presidente de la Junta Directiva y Somoza García como vicepresidente.
Externamente, el pacto tenía el visto bueno de Washington por su contenido anticomunista. Su cuestión previa fue la disolución de las dos cámaras colegisladoras y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. En esencia, obligaba a los dos partidos a: 1) convocar a elecciones el 21 de mayo del mismo año para presidente de la República y diputados a la Asamblea Nacional Constituyente; 2) mantener el esquema bipartidista excluyendo al beligerante Partido Liberal Independiente; 3) execrar a los partidos políticos “de filiación internacional, salvo aquellos que tiendan a la unión de la América Central”, y 4) garantizar el treinta por ciento de los asambleístas al partido que resultare minoritario en las elecciones generales, como también incorporar el principio de la Representación de las Minorías no solo en el Poder Judicial, sino en todo cuerpo Colegiado, “incluyendo las Juntas Directivas de los Bancos e Instituciones de Crédito del Estado y demás Entes Autónomos, Servicios Descentralizados de Administración Plural, así como las misiones plurales y delegaciones a Conferencias Internacionales e integración de autoridades locales o municipales”. “Apóstol de la Conciliación” llamaría a Tacho monseñor Antonio Taffi, nuncio apostólico y decano del cuerpo diplomático, al tomar aquel posesión por segunda vez a la presidencia el 1ro de mayo de 1951.

A los doce días de suscrito el pacto, la Asamblea Nacional Constituyente ––bajo la presidencia del doctor Manuel F. Zurita–– ratificó su contenido, estableciendo las bases para las inmediatas elecciones y la promulgación de una nueva Constitución. Asistió a la sesión del 15 de abril, entre otros senadores conservadores, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, director también del diario La Prensa y cuyo homónimo y primogénito lo enfrentaría por ocupar esa curul. “Fíjate ––le confió Chamorro hijo a su amigo Arturo J. Cruz–– mi papá es curulero”.

Al cabo de cinco semanas, se realizaron las elecciones generales que beneficiarían políticamente a Tacho. Los conservadores desarrollaron sus actividades proselitistas previas con bastante libertad, pero su candidato —el empresario granadino Emilio Chamorro Benard— perdió ante Somoza García al recibir menos de la cuarta parte de los votos. El editorial de La Prensa del 23 de mayo de 1950 —escrito por Pedro Joaquín Chamorro Zelaya— manifestó: “Y ahora solo nos queda decir al general Somoza: esta vez tiene usted el campo propicio para ser un gobernante perfecto. Nadie le echará en cara que ha usurpado el Gobierno”. Y el mismo Emiliano confesó: “Me siento como si no hubiera perdido mi partido”.

En resumen, el pacto significó para él su agotamiento definitivo como caudillo tradicional y para Somoza García un triunfo que le duraría tres años.

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