Lesli Nicaragua
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La reciente elección del multimediático hombre de telerrealidad Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América tiene a los politólogos abriendo esclusas que se creían selladas para siempre: las del populismo. Porque en un país que se ha ganado la distinción de atacar hasta el cansancio este mal que carcome las políticas de Estado de algunos países y se afianza solo en sectores cuya máxima cualidad no es precisamente su alto índice de educación, la llegada del sui géneris presidente 45 de la Unión, invita a la pesada reflexión de reinventar la forma de llegar a los electores.

Porque jamás nadie pensó ni el mismo candidato, que podría alzarse con la victoria. Lo pudimos ver cuando, días antes de los comicios, en un mitin, Trump dijo exultante que no aceptaría los resultados a menos que lo eligiesen a él, porque “Clinton está protegida por un sistema corrupto”.  Pues ¿quién se imaginaría que una cáustica retórica  antiinmigrante, bélica, sumamente religiosa y tan precipitada, que siempre lo metía en problemas ideológicos, le generaría tanta publicidad como adhesión?

Real Clear Politics, sitio que realiza encuestas muy objetivas, no lo vio venir. Siempre puso por delante a la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton. ¿Entonces qué pasó? Edwin Dorn, catedrático de Universidad de Texas lo dice claro y tajante: “Motivó la intolerancia racista... queda claro que su apoyo proviene de gente que estaba de acuerdo, gente ofendida que hubiera una persona afroamericana en la Casa Blanca, y doblemente ofendida de la posibilidad de que a este le siguiera una mujer presidente”.

Solo dos personas previeron este triunfo fundamentados en las estadísticas y la historia. El primero, Nate Silver, un serio y muy reputado estadístico creador del sitio Five Thirty Eight, asociado a The New York Times, quien sobre sus datos, expresó a este diario que Trump solo necesitaba “abrirse paso entre los votantes blancos sin un grado universitario” para ganar. Y  a ese segmento fue que el magnate, sin idea ni experiencia en política, se dirigió, siguiendo muy bien el nuevo manual del sucio marketing de la imagen.

El otro que predijo esta increíble victoria fue el profesor Allan Lichtman, de la American University, quien estudiando las tendencias históricas de los votantes más 13 indicadores de la gestión del partido en función, lleva 32 años vaticinando correctamente el resultado de todas las elecciones presidenciales en Estados Unidos. A estas dos figuras podríamos agregar el lobby armamentístico y la idea de que Estados Unidos ha sido y será del hombre aglosajón. Tópicos que se desparramaron en discursos construidos sobre horripilantes frases primero contra los hispanos, luego sobre los musulmanes, pasando por los afroamericanos para terminar con misoginia y el eslogan de “Hacer grande a América” (léase EE. UU.).   

En su magnífico reportaje “Con Trump gana el carbón, pierde el planeta”, publicado el miércoles 9 de noviembre por The New Yorker, la periodista Elizabeth Kolbert realiza un paralelo entre la caída de todas las bolsas y la emergencia de este mineral; pero para los que sí tenemos “un grado universitario”, este paralelismo va más allá de la semántica y la semiótica, para construirnos una imagen oscura, como el carbón, y de quienes lo extraen. Pues se deduce que los que entendieron y se convirtieron en adeptos del discurso de Trump, fueron los que han hecho llegar el populismo al corazón de la democracia en “América” (léase EE. UU.)

* Periodista y escritor.
leslinicaragua@yahoo.com

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