Migdonio Blandón B.
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Según la doctrina cristiana que es la fuente doctrinal que promueve nuestra Iglesia católica, el Espíritu Santo  es la tercera y sacrosanta persona del DIOS Omnipotente Creador del universo entero, y quien con la vida y su regulada ración de existencia da a todos los seres vivientes; en resumen es: DIOS PADRE, DIOS HIJO Y DIOS ESPÍRITU SANTO, o sean PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO, que constituyen el misterio sacrosanto de: DIOS TRINO Y UNO, definido en la SANTÍSIMA TRINIDAD.

Después de la Resurrección Gloriosa de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, que dicho sea de paso, con su vida, pasión y muerte, que fue su cruento martirio, para redimirnos y enseñarnos con su doctrina de amor, el camino de la salvación; y al término de nuestra existencia terrena, habiendo vivido como ÉL ha querido que vivamos, llegar al disfrute de su reino con los bienaventurados por la eternidad; y como ayuda, antes de subir al cielo, nos ofreció el SANTO ESPÍRITU, para que fuese nuestro guía.

El Rvdo. Padre Francisco de la Parroquia de San Agustín, en su Homilía del 9 de noviembre del corriente, habló sobre la Basílica de San Juan de Letrán, que puede decirse, desde su construcción, ha tenido en el Estado del Vaticano el realce especial de ser la Curia Pontificia.  En diferentes lugares también se han establecido otras Basílicas, que son centros consagrados exclusivos de oración, retiros y peregrinaciones, con el fin de un encuentro con el Espíritu Santo.

Es cierto que se debe tratar de mantener una buena relación con EL SEÑOR, ya que a ÉL todo se lo debemos, la que si no lo hacemos, no somos nada ni valemos nada; pero para un mejor y  seguro encuentro, es buscarlo dentro de nosotros mismos.  Con sabiduría absoluta se debe saber que DIOS si está  en su  creación entera, también en nosotros está.  Además el día de nuestro bautismo también recibimos el Santo Espíritu y solamente tenemos que concentrados,  relacionarnos con ÉL.

Y la mejor relación es el amor, sí, el amor, el que me permito repetir, porque es el primero del decálogo que por medio del profeta Moisés DIOS dio a  todas sus creaturas predilectas desde el Monte Sinaí,  que se  sintetiza en: AMAR  A DIOS  SOBRE TODAS LAS COSAS Y AL  PRÓJIMO COMO A SI MISMO.  Dicho mandato ha sido enriquecido  por Nuestro Omnipotente Creador, al dar a sus hijos  predilectos con la vida una gran porción de su amor, para que sin egolatría lo compartamos.

Por su infinito amor  quiso darnos el privilegio de hacernos a su imagen  y semejanza y  mediante la orientación cristiana de su doctrina de amor, con el uso de tan exclusivo privilegio y de su misericordia, cada quien según su criterio está en la capacidad de forjar su propio destino hasta su ineludible final; y así comparecer ante el Supremo Juez, a recibir el juicio inefable al que todos  llegaremos para bien o para mal.

Vale la pena que teniendo al Espíritu Santo dentro de nosotros mismos, teniendo una relación fluida y amigable e incluyendo también frecuentes visitas a la SAGRADA EUCARISTÍA, que es el preciado lugar que Nuestro SEÑOR JESUCRISTO nos ha dado para estar siempre a la espera de quienes llegan a visitarle y mantenerse así en comunión  permanente con el SANTO ESPÍRITU.

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