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Pasadas las elecciones generales de Nicaragua, el gobierno, los empresarios y los políticos deben atender algunos temas elementales para preservar la estabilidad y el avance económico, político y social del país. Todos los actores deben esforzarse en mejorar la competencia democrática, la participación de los ciudadanos en la gestión pública, el buen desempeño de las instituciones y la imparcialidad de la justicia, entre otros aspectos del estado de derecho.

En ese sentido, se debería dar una oportunidad al diálogo entre el gobierno nicaragüense y la Organización de Estados Americanos (OEA), iniciado a mediados de octubre. Este intercambio se vuelve ahora un tema político crucial, porque de este proceso dependerá en gran medida la profundidad de los ajustes que se hagan al sistema electoral, para dotarlo de mayor transparencia y credibilidad.

Como sociedad, es imperativo que en enero de 2017 el gobierno y la OEA presenten un acuerdo conjunto sobre las mejoras al sistema electoral. Es de igual importancia asegurar que en la visita a Nicaragua, del secretario general de la OEA, Luis Almagro, el gobierno cumpla su promesa de que se reúna no solo con funcionarios del gobierno, sino también con representantes del sector empresarial, de los distintos partidos políticos y de los demás sectores de la sociedad civil. Consideramos que el sólo hecho de iniciar esta mesa de conversaciones, ha sido un buen paso para el futuro de Nicaragua, sobre todo porque se daría en el contexto del diálogo.

El otro tema que merece mucha consideración a corto plazo es la elección del republicano Donald Trump, quien a partir de enero será el presidente de Estados Unidos. Por sus discursos de campaña y sus más recientes entrevistas como presidente electo, hay una combinación de iniciativas  internas y externas que serían las prioridades del nuevo mandatario, como la salud, la seguridad, la inmigración, el comercio y la desregulación bancaria.

Es importante saber interpretar las implicaciones de estos temas en nuestro país y en la región centroamericana, pues ambos son nuestros dos principales socios comerciales, representando solamente Estados Unidos más de la mitad de nuestro comercio exterior.

Es de suma importancia fortalecer las relaciones con Estados Unidos, para lo cual hay que entender mejor el orden de prioridades de la nueva administración y contar con una diplomacia dinámica y efectiva en Washington.

En este contexto, un tema muy relevante es ver cómo cambian las probabilidades de una aprobación del Nica Act, con una nueva administración en la Casa Blanca y con una mayoría republicana en el Congreso y en el Senado norteamericano. Esta ley prohibiría las donaciones y préstamos a Nicaragua, tanto de Estados Unidos como de los organismos multilaterales (BID y BM) donde la nación del norte tiene poder de veto.

Esta ley fue introducida y aprobada en la Cámara Baja del Congreso estadounidense, con la intención de presionar al gobierno de Nicaragua a mejorar la transparencia e imparcialidad de su sistema electoral, aparentemente sin medir en todas sus dimensiones las consecuencias que tendría para la población nicaragüense el bloqueo del financiamiento a programas que generan empleo y contribuyen al desarrollo económico del país.

No obstante, es indiscutible que Nicaragua necesita avanzar en las mejoras de su sistema electoral y, en este sentido, el diálogo con la OEA es por ahora la mejor oportunidad para este objetivo y para establecer acciones concretas que ofrezcan mayor confianza a la ciudadanía nicaragüense sobre el rumbo democrático del país, al tiempo que sirvan de argumentos en el Senado de los Estados Unidos para la no aprobación del Nica Act.

Por eso también, las elecciones municipales del año 2017 adquieren mayor relevancia, porque podrían servir para evaluar los avances en la institucionalidad democrática lograda por Nicaragua en el marco de los acuerdos con la OEA.

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