Orlando López-Selva
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Terminó la más agitada campaña presidencial de los Estados Unidos. Hubo desorden, excesos, pasiones exaltadas, gritos, violencia callejera, expulsiones de conferencias de prensa, intercambios de diatribas, enfrentamientos mediáticos, acusaciones, y amenazas.

El espectáculo universal más controversial y sorprendente. Los zoones politikones haciendo gala de sus habilidades y destrezas más sórdidas o sublimes. 

Pero en cuanto el ganador fue anunciado, todos olvidan sus sentimientos, principios y valores. Y asumen las fingidas expresiones y ritos diplomáticos: saludan al ganador; le ofrecen los mejores augurios, lo felicitan e invitan (en los Estados Unidos) a sus otros seguidores, a ofrecerle su apoyo al nuevo Presidente norteamericano.

Y no solo allá. Las escenas se repiten afuera. Igual hacen Duterte, Castro, Putin, Erdogan. Imperativo diplomático o como se le quiera llamar. Pero todos lo hacen, aunque hasta hace unos pocos días, muchos de los que hoy saludan protocolariamente a Trump, seguramente le deseaban lo peor.  

¿Pantomima o realismo político?

Ahora el nuevo presidente norteamericano ya se ha reunido con el presidente Obama. Se olvidaron llantos. En la Casa Blanca, sabiendo que pronto van a empacar, las sonrisas afloran, los halagos son mutuos, los abrazos son abundantes y sonoros. Y hasta, probablemente, se digan: ¡Qué bien que te ves! ¡Y en el fondo sabía que ibas a ganar! ¡Vení a almorzar con nosotros; esto va a ser tuyo pronto!

En algunos medios (¡las dictaduras solapadas!), hasta se alaba la figura y personalidad del señor Trump y su cabellera inconfundible. 

¡Really funny…eh! ─como dirían los discretos canadienses.

¿Todo el mundo está conforme? 

Por otro lado, los miedos todavía penden de un hilo de acero, para unos; y para otros, todo fue solo una pasajera pesadilla electorera de palabras inoportunas y discursos pirotécnicos.

Las campañas electorales están regidas por el mercadeo; los asuntos presidenciales, por las reglas políticas. Son dos mundos apartes, aunque complementarios.   

Ya Michelle Obama ha recibido a la próxima primera dama, de acento esloveno (¡una extranjera imponiendo modas en el hogar más poderoso del mundo!). Ambas ya aparecieron agarradas de la mano, dándose besos en las dos mejillas, sin decir públicamente lo que hablaron. 

Ahora, hasta el Presidente electo tiene otro porte. Habla menos, sonríe mucho, gesticula poco. Es otra persona. Ya está de camino a la Casa Blanca. Solo está esperando que se la desocupen y no tenga que retener el depósito por daños, porque se la ensuciaron o compraron cortinas y alfombras de poca monta.

En el plano político, los republicanos van con todos los fierros desde el Senado (R:52/D:46/I:2); la cámara de Representantes (R:237/D:193/I:5). 

Se acabó la era demócrata de discursos promisorios y encendidos para los have-not y los disenfranchised, como dicen los norteamericanos. 

Comienza una nueva era que muy pocos esperaban. Aunque, estadísticamente, desde hace mucho, los demócratas no repiten tres períodos consecutivos.

Los periodistas de CNN que sentaban en un foro a 6 demócratas frente a 2 republicanos, ahora preguntan: ¿Dónde estuvo el error? ¿Qué ocultaron las encuestas? ¿Quién hizo mal las predicciones?

Y, sin esconder nada, esos mismos periodistas aparecieron al día siguiente, con trajes oscuros: acongojados, enlutados por la pérdida.  

Los norteamericanos aborrecen tres cosas: que les mientan, que les suban los impuestos, que los manden a la guerra.

Mientras doña Hillary se ajustaba a los manuales; Trump seguía su instinto, desechando todo rigor ético.  

Las encuestas afirmaban una tendencia. Luego se desinflaron. Unas horas antes del gran día de las votaciones, todo era  sombrío, lóbrego para los demócratas.

¿Qué más van a decir? ¿Qué posturas asombrosas o hilarantes adoptarán los sorprendidos y los tránsfugas repentinos?

¿Se aproximan días aciagos para algunos periodistas y  encuestadores?

¿Quién pagará el precio?

Como es muy probable, correrán las cabezas. Las pitonisas demócratas buscarán amparo en las embajadas de la avenida Pennsylvania. 

Cuando, el Presidente electo, anuncie su gabinete, mostrará que los designados no tienen agujeros en la cabeza; sus gestos y actos fuera de tono, probablemente, se irán moderando.

Llegará el invierno. Luego la primavera. Pero habrá dudas, cuestionamientos, señalados; y muchos se preguntarán: ¿A quién culpamos? (Una de las frases más usadas por la humanidad).

Viene el tiempo para congraciarse y la amnesia total

¿Qué se puede esperar de la nueva era Trump? 

¿Debemos asumir que el histrionismo cunde siempre en la antesala de las luchas por el poder…; y una vez obtenido lo codiciado, nadie recordará el intento de la primera mujer que lo quiso ser todo en política?  

No habrá un Trump contra el mundo. Los poderes norteamericanos establecidos no lo permitirían. 

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus