José Pascual Ortells Chabrera
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A raíz de la Exposición Universal de 1888, que puso en contacto la ciudad de Barcelona con el mundo moderno y el 'art nouveau', surgiría el movimiento conocido como modernisme català en un contexto de expansión financiera, crecimiento de su industria textil y metalúrgica, del transporte y las exportaciones, con Latinoamérica entre sus principales destinos; sin embargo, la riqueza generada por esta bonanza económica era distribuida de manera muy desigual, y ya en el cambio de siglos la pobreza de la clase obrera calaba hondo en la sociedad. 

Así como Marx y Engels escribieron varios artículos sobre la revolución en España -a mediados del siglo XIX y durante la primera  República-, en el cambio de siglo los anarquistas Kropotkin y Malatesta seguían con atención la situación española, y de manera especial la de Andalucía y Cataluña. En sus crónicas Darío captó instantáneas de un estallido revolucionario, que muchos consideraban inminente. A su llegada a inicios del invierno de 1898 y 1899, en su artículo en Barcelona, el primero desde tierra firme, describió la Rambla como una “baraja social” en la que “van y vienen rozándose, el sombrero de copa y la gorra obrera”.

En el café Colón, “un punto de reunión diaria y constante”, en un momento en que todas las mesas estaban ocupadas, vio entrar a un trabajador “con su traje típico y ese aire de grandeza que marca en los obreros de aquí un sello inconfundible” y se sentó a una mesa que ya estaba ocupada por dos empresarios “elegantemente vestidos”, le sirvieron su taza de café: “tomóla, pagó y fuése como había entrado, sin que los dos señores suspendiesen su conversación…” 

Darío constató así mismo que en Barcelona el “obrero sabe leer, discute”. Uno de los primeros organismos dedicado a democratizar la cultura fue el Ateneu  Català de la Classe Obrera, fundado en 1861. Además, circulaban varias revistas anarquistas, tales como El Productor, Acracia, Tierra y Libertad.  

Informó a sus lectores bonaerenses que el obrero “habla de la R.S., o (sic) sea, si gustáis, Revolución Social”. El concepto de Revolución Social había sido acuñado por el anarquismo para diferenciarse del marxismo y de otros movimientos. En su libro 'Homenaje a Cataluña', George Orwell, aportaría rasgos de la Revolución Social al describir las colectividades agrarias que se formaron en Aragón a inicios de la guerra civil española.

Otro artículo de Darío, esta vez en Tierras solares, hizo referencia en 1904 a las luchas de marxistas y anarquistas por la hegemonía del movimiento obrero: “Hay un huevo que empolla desde años la revolución latente, pero de ese huevo no saldrá ni con mucho la soñada gallina gorda de los socialistas, antes bien el ave roja de la anarquía”. De hecho, tras años de atentados, represión y clandestinidad, los grupos anarquistas catalanes retomaban el trabajo sindical y las actividades públicas. 

Por último, en noviembre de 1914, en un artículo de la sección “Films” de La Nación, Darío describió cómo la guardia civil había dispersado una manifestación obrera y añadía: “Y uno queda pensando que no es prudente, sobre todo en una ciudad como Barcelona, que cuando los trabajadores sin ocupación y con hambre piden pan y trabajo, se les echen caballos encima y se saquen los sables a relucir”. Cinco años antes, en 1909, había tenido lugar la Semana trágica en Barcelona -y la Semana roja en Argentina-, en ambos casos tras una huelga general convocada por anarquistas.

En el mismo artículo Rubén dio cobertura a un mitin en el que participó Salvador Seguí, joven  anarcosindicalista, más conocido como 'El noi del sucre -el chico del azúcar', aunque pintor de profesión-, impulsor de la organización sindical Solidaridad Obrera. Darío concluyó su artículo con una amplia cita de Román Jori: 

“Mala administración pública y capital cobarde. He aquí los principales factores de la presente crisis. Si el capital no fuese cobarde, la bolsa estaría abierta… Pero no se hace nada. A última hora, cuando ha venido lo inevitable, se ha llamado a la guardia civil”. Haciendo suyas las palabras de su colega, Darío cerraba así su crónica: “Más claro, ni el agua ni el diamante”.

Rubenia 01/11/2016

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