Augusto Zamora R.*
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Sorprendió el papa Francisco, hace pocos días, a ateos, creyentes y agnósticos al afirmar que “los comunistas piensan como los cristianos”. Algunos siguen con mirada pasmada.

No es la primera vez que el Papa hace esa equiparación. En junio de 2015 afirmó que “quien habla por los pobres es definido como comunista”.

Sigue el Papa la estela del obispo brasileño Helder Cámara, inspirador de la Teología de la Liberación, quien comentó, en los 60: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay tantos pobres me llamaron comunista”.

En su visita a Bolivia, Francisco expresó que “ustedes, los más humildes pueden y hacen mucho… el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos”.

Esta frase del Papa recogía la esencia de la Teología de la Liberación, que dejó de ver a los pobres como objetos de caridad para asumirlos sujetos de derechos económicos y sociales. No esperar la justicia en el cielo, sino hacerla realidad en la tierra.

Es nuevo y no lo es. La lucha de los pobres contra desigualdades e injusticias se pierde en la noche de los tiempos. De los hermanos Graco a Rousseau, de Marx al papa jesuita.

Ideólogos de la derecha se apresuraron a enterrar el socialismo. Los hechos están demostrando lo contrario. Es el capitalismo el que está entrando en coma. Irreversible.

La causa es simple. O hay democracia económica o no habrá economía que resista.

az.sinveniracuento@gmail.com

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