Augusto Zamora R.*
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No necesitaba su apellido para saber de quién se hablaba. El comandante en jefe de la Revolución Cubana era, simplemente, Fidel. Como habla uno de amigos, hermanos...

A Obama se le llama Obama, no Barack; Kennedy era Kennedy no John ni Jack. Kennedy intentó derrocar primero, destruir después  a la Revolución Cubana y fracasó.

Obama puso fin a medio siglo de ruptura de relaciones, pero quedó corto su empuje.

La CIA inventó 638 formas para asesinar a Fidel y todas fueron un fiasco. Puros envenenados, agujas invisibles, sicarios de todas las gamas, mujeres fatales… Nada.

Intentaron ahogar la revolución, desde el bloqueo económico a la invasión de playa Girón y la revolución sobrevivió. Sobrevivió incluso a la misma Unión Soviética.

Dejó la política activa en 2008, consciente de las limitaciones físicas que imponía la edad. Pese a ello, siguió siendo dirigente inobjetable. Vivo aún, trascendía a la muerte.

Cambió nuestro siglo XX de manera radical, inesperada. En el continente hay un antes y un después de Fidel. Cambió, entre otras cosas, discursos políticos y formas de lucha.

Desapareció la dicotomía liberales-conservadores para sembrar la ideología revolución-reacción.

Desde 1959, los movimientos políticos de izquierda fueron hijos de Fidel.

Nos dejó un 25 de noviembre, como otro 25 de noviembre -de 1956- Fidel zarpó de México a bordo del Granma hacia sierra Maestra. Casualidades de la vida.

Somos seres finitos. Ideas y ejemplos no. Fidel, como el Che, es sencillamente inmortal. Duela a quien duela.

az.sinveniracuento@gmail.com

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