Adolfo Miranda Sáenz
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Como pastor universal de los católicos y probablemente la persona más respetada del mundo, el Papa promueve permanentemente el precioso don de la paz que Dios quiere para todos en las diferentes áreas de la vida humana; desde la paz entre la familia y dentro de cada nación, hasta la paz mundial. La paz la recibimos de Jesús: “La paz les dejo, la paz les doy”; y esa paz debemos llevarla a nuestros hogares, a la comunidad donde vivimos y a la vida pública del país. Cuando se presentan conflictos que ponen en riesgo la paz, el Papa siempre propone y promueve como vía de solución el diálogo, nunca la violencia.  

El papa Francisco hace referencia al pasaje del evangelio que narra el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto a un pozo, para hacernos ver cómo Jesús -que sabía que estaba con una  pecadora- la deja expresarse, la deja hablar, y después va poco a poco adentrándose en el misterio de su vida. Esta enseñanza se aplica a nosotros, dice el papa Francisco, quien nos exhorta a ver en el diálogo entre la samaritana y Jesús un aspecto muy importante de la misericordia, que es precisamente el diálogo.

Dice el Papa que el diálogo permite a las personas conocer y entender las necesidades de los demás. Se trata de mostrar gran respeto, ya que pone a las personas en una actitud de escucha y en una posición de apertura  para reconocer los mejores aspectos del interlocutor. ¡Cuánto avanzaríamos con solo aprender a escuchar al otro! ¡Y cuánto más si estuviésemos en disposición de ver en el otro los aspectos positivos que seguramente tiene! El diálogo también es una expresión de la caridad, porque aunque tengamos grandes diferencias, nos puede ayudar a encontrar y compartir cosas que tenemos en común. ¡Por diferentes que seamos, siempre tendremos algo en común!  

El papa Francisco dice que muchas veces no entendemos las razones que pueden tener los demás, porque pretendemos imponer nuestro modo de pensar por encima de lo que piensan y sienten los otros.  Hay que escuchar y ver qué hay de bueno en lo que es diferente. Hay que tratar de encontrar puntos comunes, coincidencias, como punto de partida en todo diálogo. No podemos tener un diálogo auténtico cuando no escuchamos lo suficiente o tratamos de impedir la expresión del otro, pretendiendo así demostrar el valor de nuestros criterios. Dice el Papa: "Cuántas veces estamos escuchando a una persona, la interrumpimos y decimos: ¡No! ¡No! ¡No es así! Y no dejamos que la otra persona termine de explicar lo que desea exponer. Eso es un ataque, no un diálogo. El verdadero diálogo requiere limpiar nuestros corazones de todo odio y rencor, y abrirnos a la reconciliación con el hermano. Porque debemos ver en toda persona a un hermano, aunque sea un adversario".

El diálogo rompe los muros de las divisiones y confrontaciones; construye puentes de comunicación e impide que nos aislemos, encerrándonos en nuestro propio mundo. El diálogo es escuchar lo que me dice el otro y decirle respetuosamente lo que yo pienso. Pero si no dejamos que los otros digan todo lo que está en sus corazones y comenzamos a  gritar, no podremos dialogar. ¡Gritamos tanto hoy en día!, dice el papa Francisco. Hay que escuchar, explicar con mansedumbre, no ladrarse el uno al otro, dice el Papa. No gritar, sino tener el corazón abierto.

En Nicaragua, ante el diálogo OEA-Gobierno, debemos procurar también el diálogo entre nicaragüenses, entre hermanos, para lograr acuerdos entre la oposición y el gobierno en temas que nos dividen: electorales, institucionales, sobre democracia. Un diálogo en que todos cedan algo para lograr acuerdos realistas, pero satisfactorios.

* Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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