Miguel De Castilla Urbina
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El debate sobre las 24 carreras para las cuales la UNAN-Managua no realizará examen de admisión para el año 2017 tuvo la virtud de situar en primer plano un conjunto de temas relacionados con la oferta y demanda (o viceversa) de carreras ofrecidas por la educación superior y la educación técnica y profesional nicaragüenses. 

Dos son las puertas de entrada al abordaje de esta problemática, sea con propósitos de análisis o de planificación y programación.  La primera de ellas está relacionada con la demanda de fuerza de trabajo calificada de parte de los diferentes sectores de la economía a las instituciones de educación profesional y técnica y universitaria.  La segunda es la referida a la oferta de carreras y/o de fuerza de trabajo graduada de parte de los centros educativos para ser empleada en las unidades productivas o de servicios.

El enfoque relacionado con la demanda de fuerza de trabajo calificada es el más común respecto a esta relación social en el terreno educativo.  En su interior se debaten y contraponen los intereses empresariales y los de las unidades educativas, en especial los de las universidades.  Debido a que los procesos productivos empresariales y los procesos educativos de las universidades y  centros de formación profesional tienen diferente ritmo, tiempos y velocidades, la coincidencia entre ambos, salvo en el caso de la llamada educación dual, es casi imposible. Este desencuentro de carácter técnico se ve fortalecido por otro de carácter conceptual e ideológico, referido a la diferencia entre las visiones privadas orientadas y las ganancias, y las de las universidades públicas, cuya característica es la autonomía académica y su vocación es la investigación, la educación y la extensión cultural y social. En el interior de esta falta de acuerdo es que surge históricamente la necesidad e insurgencia de la universidad privada como un servicio que compite en el mercado, y que en la actualidad, con la impronta de la globalización neoliberal y la internet , se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos a nivel planetario.  

El enfoque referido a la oferta de carreras de parte de los centros educativos, debido a su complejidad, para su estudio puede ser dividido en dos ámbitos, el de la oferta de carreras para las cuales no hay demanda estudiantil y el de la oferta de carreras para las cuales se presenta abundante demanda estudiantil.

La oferta de carreras para las cuales no hay demandas es el caso de las 24 carreras a las que la UNAN-Managua ha eliminado los exámenes de admisión.  Para este caso lo  aconsejable sería crear las condiciones a fin de que la medida tomada por el Consejo Universitario de la UNAN-Managua, sea acompañada por un conjunto de otras acciones culturales e institucionales que estimulen la demanda y permitan modificar la misma. Tanto para estas carreras, como para todo el universo de carreras que  demandan y ofertan las empresas y las universidades, debiera de construirse una amplia estrategia de orientación vocacional y profesional para ser realizada permanentemente como un eje transversal en la educación básica, de cara a construir un amplio conjunto de coincidencias entre las necesidades individuales de los estudiantes y las necesidades sociales del sector empresarial y del institucional universitario y de los centros de educación técnica y profesional.  

En el polo opuesto de las carreras sin demanda están las carreras con mucha demanda. En Nicaragua este es el caso de carreras como Derecho, Turismo, Administración, etc. Las hipótesis más plausibles sobre este hecho están referidas a una variable de difícil abordaje empírico, como es lo cultural.  Desde el preescolar, el currículo de la educación básica nicaragüense está orientado más a las asignaturas humanísticas que a las científicas, lo que influirá obviamente para que los estudiantes a la hora de decidir qué carrera estudiar, orienten su destino hacia profesiones que no impliquen conocimientos matemáticos. Para este caso, el abordaje debe ser integral y total para todo el sistema escolar y para todas las educaciones, y sus consecuencias, obviamente, deberán ir más allá de la demanda y oferta de carreras.

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