Gustavo-Adolfo Vargas *
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Donald Trump atacaba vertiendo odio a través de su ignorancia, sus expresiones racistas, la ansiedad clasista y la xenofobia; acumulando así el resentimiento de gran parte de la población estadounidense blanca.

Probablemente piensa que el mundo fue creado por Dios para ser gobernado por Estados Unidos, pero en realidad nadie podrá restaurar lo que la historia ha cambiado para siempre.

Sin embargo, a pesar de la crisis, se pueden esperar muchas cosas del nuevo presidente en lo referente a la forma de entenderse con el mundo y la resolución de conflictos. Para Donald Trump ese pasado se ha convertido en su presente y necesita algo más que retórica para manejarlo. 

De hecho, su lenguaje ha despertado expectativas de cambio a nivel interno y externo; cargando una serie de acontecimientos incontrolables, estibando sus promesas de controlarla.

El dispositivo de política exterior lo forman: las fuerzas armadas, la CIA, la Agencia Nacional de Seguridad, el Departamento de Estado y segmentos esenciales de otros departamentos gubernamentales, cada uno de ellos con una gran inercia considerable y controlado por profesionales expertos que han visto entrar y salir a muchos presidentes.

El Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca se encarga de coordinar este agregado, a menudo caótico, de intereses burocráticos contrapuestos, cuyos conflictos se acentúan por la ocupación de algunas partes del sistema por individuos de gran poder o grupos de presión extragubernamentales.

Con Truman y Eisenhower, hubo secretarios de Estado (Dean Acheson y después John Foster Dulles) que hicieron las veces de adjuntos y sustitutos del presidente en asuntos de política exterior.

McGeorge Bundy, con Kennedy y Johnson, y luego Kissinger con Nixon, y Brzezinski con Carter, fueron asesores de Seguridad Nacional que devolvieron el control de los procesos de la política exterior a la Casa Blanca. A eso le ha seguido un cambio vertiginoso debido a secretarios de Estado fuertes (Shultz con Reagan y Baker con el primer Bush) con asesores de Seguridad Nacional inusualmente eficaces.

Es un proceso que se ha complicado por la intromisión de mandos supremos de las fuerzas armadas al momento de dirigir la política exterior. Franklin Roosevelt luchó contra el sistema y muchas veces contra sus más cercanos asesores (que fue el caso de Kennedy y Johnson).

Los ciudadanos en su mayoría carecen de recursos intelectuales para relacionar los asuntos internos y externos. Existe un factor de sensación de inutilidad pasiva, la tácita creencia de que da igual lo que piensen los ciudadanos porque no tiene efecto o es exiguo en la política exterior.

La tarea inmediata en el ámbito de la política exterior para Trump será la de ajustar su retórica y garantizarles a sus aliados que el papel de Estados Unidos en el orden mundial neoliberal continuará. 

Cuatro son los finalistas que tiene en cuenta el presidente electo para encabezar el Departamento de Estado, uno de los puestos poderosos y de mayor relieve del gabinete.

La lista incluye al candidato republicano de 2012, Mitt Romney, y al exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani; también estudian para ese puesto al exdirector de la CIA, el general David Petraeus, y al senador por Tennessee, Bob Corker.

Estados Unidos es mosaico de culturas, es una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes y de no creyentes, etc. De acuerdo con los analistas: Trump no solucionará ningún problema, agravará los que ya existen y traerá otros más graves. 

Diplomático, jurista y politólogo. 

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