Sergio Balladares
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En el siglo XVIII, un invento concreto impulsó el cambio de matrices económicas, impulsó la productividad, acortó distancias y significó una mejoría general para las economías de la época. Me refiero al motor a vapor, emblema concreto de la Revolución industrial.

Aproximadamente cien años después, el motor de combustión interna junto con la cadena de ensamblaje y la electricidad generaron efectos que aún están difundiéndose en economías en desarrollo, como el automóvil, los aeroplanos y el transporte marítimo. Todos estos han hecho posible un mundo más conectado, y en términos generales, mejor para todos.

En los años ochenta, una nueva revolución, inició y sigue teniendo sus efectos: la Tecnología de la Información. El emblema principal es la computadora personal, usando el internet para eliminar barrera físicas y transformando soluciones al mundo digital a través del software.

El profesor Klaus Schwab, el fundador del Foro Económico Mundial considera que estamos entrando en la Cuarta Revolución Industrial, un período de crecimiento económico partiendo por la actual capacidad tecnológica, y las posibilidades que esta presenta en un futuro. Me refiero a los avances que podemos ver lejanos, pero que ya son posibles. Robótica, inteligencia artificial, el internet de las cosas, vehículos autónomos, impresión en 3-D, tecnología blockchain, entre otras.

La tecnología ha venido cambiando de manera en la que nos relacionamos como sociedades y con el entorno. Hace veinte años era más común enviar un fax que un correo electrónico.

Las fotos viajaban impresas hace quince años y por correo postal. Hace diez años era impensable que la mayoría de la población del mundo estuviera conectada a través de un teléfono sin botones. Hace cinco años el internet era algo alejado para comunidades rurales.

¿Cuál será el efecto en empresas, comunidades y gobiernos de una sociedad más conectada? O bien, ¿de una sociedad que cada vez vaya buscando automatización en cosas tan de diario como manejar un vehículo? ¿Cuáles van a ser los trabajos del futuro, entonces?

Uno podría que este tipo de tendencias o tecnologías tardarán bastante en estar difundidas, y que además la gente no se va a acostumbrar. Pero los trabajos repetitivos, los relacionados a intermediación y los que agreguen poco valor a la relación humana que manejan van a ir desapareciendo con el tiempo, a como fueron reemplazándose otros anteriormente.

Cuando las computadoras estaban haciéndose tecnología difundida, existía un temor grande a que trabajos como caricaturista o bibliotecario desaparecieran, y que el desempleo aumentara con el uso de la tecnología. Lo cierto es que sí se vieron afectados directamente, pero hay que tomar en cuenta que aparecieron trabajos de mejor grado, y gremios completos, como el diseñador web o el analista de negocios. Uno no podría imaginarse hoy a un contador que no utilice una computadora o que pueda hacer el trabajo mejor sin tablas digitales. Los BPO o "call centers" que han crecido enormemente en Nicaragua dependen directamente de la conectividad y tecnología. No podrían existir sin ellas.

Dado que en Estados Unidos, una elección fue definida por sectores con desempleo alto debido a un "offshoring" de empleo de manufactura, es importante recordar que fue en 1979 que hubo un pico de empleos de este tipo. El declive inicia en los años ochenta, tanto por liberalización como por automatización de ciertos trabajos. Es decir, los robots salen más baratos que el salario de una persona, no exige derechos laborales y no se enferma.

Con una nueva ola de tecnología, teniendo más aparatos conectados, más automatización y capacidades de predicción a mano de todos, combinado con conectividad universal, simplemente las oportunidades se multiplican.

Hoy en día, gran parte de los trabajos más productivos y que generan mayor valor lo hacen por la manera en que usan tecnología. Los menos productivos muy probablemente necesiten ser más tecnificados y adaptarse, y reemplazar algunas funciones por computadoras y máquinas. Estos cambios vienen, y cada vez más rápido.

*El autor es vicegerente de Innovación de Banpro.

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