Carlos E. Téllez Páramo
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Estamos en un mundo donde la información y las comunicaciones dominan gran parte de nuestro quehacer y nuestro tiempo. A cada momento llega a nosotros una gran cantidad de información que debemos procesar y mantener la concentración en un solo tema, en el día a día, resulta bastante complicado.

En muchas ocasiones nos encontramos en trabajo, asuntos sociales o tiempo de familia, y se nos va el tiempo con noticias del momento, con la información que logró volverse “viral”, con el accidente, con el tema político del día, con lo que dijo o hizo un artista, etc.

Con la gran cantidad de información mal procesada las percepciones dominan la realidad. En cada palabra que expresamos nuestro interlocutor asume su propia lectura e interpretación, muchas veces nadie cree en lo que escuchó, más bien inicia un proceso de interrogantes en qué hay detrás, cuál era el mensaje, en qué le perjudica, entre otras preguntas; a veces me cuestiono a qué se debe esa conducta y no tengo claridad en la respuesta.

En muchos casos lo que debe ser simple lo convertimos en una incertidumbre, buscando mensajes de qué “quiso de decir”, o cuál fue el mensaje, y obvio existen mensajes en nuestras expresiones orales, escritas o de cualquiera que estas sean, pero creo que nos desgastamos buscando más allá en temas que a veces no valen la pena o en donde la realidad la tenemos a la vista.

En temas complicados como religión, política, deportes, nacionalidades, culturas, etc., generalmente los abordamos de forma visceral, creyéndonos dueños de la verdad, pero con información o conocimiento superficiales. Lo vemos en las entrevistas donde señores periodistas preguntan y personas que claramente no dominan el tema emiten criterios como cualquier especialista sin tener fundamentos. Algunos periodistas no solo preguntan, también responden obligando al entrevistado a seguir un camino sugerido.

En mi gremio de abogados la situación es difícil, generalmente nos preguntan de cualquier tema y los interlocutores asumen que debemos saber y dominar, si no sencillo, es un mal abogado. Esto, en algunos colegas, los obliga a opinar de temas que no es su área de ejercicio, lo cual complica más las cosas.

Un amigo en una ocasión me dijo que a los nicas nos encanta hablar de cualquier cosa. He llegado a la conclusión que es cierto, y es simple comprobarlo viendo las noticias o en las redes sociales, hablamos de todo y sin tapujos, dominemos o no el tema. Rara vez alguien dirá que no maneja el tema.

Esta versatilidad que tenemos los nicas para expresarnos en cualquier medio, tema o circunstancias, podría ser una oportunidad para masificar temas positivos, de valores, que nos ayuden a mejorar nuestra sociedad, tarea que puede desarrollarse en diferentes escenarios como la familia, la escuela, la universidad, los centros de trabajo, etc.; oportunidad que podemos cultivar instruyéndonos y siendo más responsables con las opiniones que vertimos y temas que abordamos, cuidadosos en la forma que lo hacemos, preocuparnos por estudiar de previo el tema sobre el que vamos a opinar, a exponer nuestras ideas y opiniones de una forma propositiva y constructiva.

Siempre podemos desarrollar mejores prácticas de manejo de información y efectiva comunicación, esencial en cualquier entorno y en la sociedad en general. Si bien, el acceso a la información hoy en día es fácil, aprender al manejo responsable de la misma es un reto muy grande, así como también fortalecer la “comunicación” como herramienta clave para progresar debe ser tarea de todos.

* Socio Director García & Bodán Managua.

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