Rafael Lucio Gil *
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El artículo anterior (publicado en esta sección el 18/01/2017) presentó cuatro ámbitos cruciales que demandan ser transformados. En igual sentido anotamos aquí, como continuidad, otros aspectos de especial relieve, para una auténtica transformación educativa. En el próximo y último artículo(3) del tema, podrán conocer otros ámbitos que demandan ser transformados.

La educación actual carece de direccionalidad, por lo que necesita responder a esta pregunta: ¿Qué educación necesita Nicaragua, y a qué modelo de desarrollo deberá orientarse?  Esta pregunta ni siquiera ha sido planteada. Por ello, la educación que tenemos marcha ciega, sin rumbo. Ni siquiera prepara para el actual modelo de desarrollo que, si bien genera riqueza, no hace que sea bien distribuida, generándose cada vez mayores niveles de desigualdad. Esto explica la desconexión profunda entre la actual educación y el desarrollo. El país, en su conjunto, demanda concertar un modelo de desarrollo, que esté centrado en el Desarrollo Humano Sostenible y la producción de riqueza para todos. Un desarrollo respetuoso y promotor de institucionalidad, derechos humanos, participación democrática de todos los sectores; que defienda el Estado de Derecho con poderes independientes. Un modelo que supere las brechas de injusticia y desigualdad, que conciba y trate la educación como derecho humano; que demande personas con capacidades cognitivas, éticas, técnicas, tecnológicas; con participación ciudadana, conocimientos científicos y humanísticos; y con valores que dinamicen la lucha contra la injusticia y la superación de la corrupción.

De valores esquemáticos y lemas impuestos e incomprensibles, a valores vivos surgidos de la reflexión crítica compartida que realice la educación sobre la dinámica social:  Frente a un listado de valores proclamados por la actual educación que son memorizados, poco comprendidos y aislados de la identidad nacional, es preciso una educación capaz de enseñar valores surgidos de la reflexión crítica de la práctica real. Frente a un currículum implícito y modelaje negativo que proporciona la dinámica  del Estado, el país y la misma educación, del que emanan antivalores, se espera una gestión del centro educativo y del aula, capaz de enseñar a reflexionar críticamente sobre la sociedad, el estado, la clase política, la familia y el comportamiento personal y social, para extraer de ello los valores que son urgentes y están ausentes. Así, frente a la falta de transparencia y corrupción generalizadas, vale desarrollar comportamientos educativos críticos y comprometidos con valores democráticos sanos y auténticos, capaces de luchar por los derechos y en contra de toda injusticia.

Los centros escolares requieren transformar sus estructuras muertas, en ambientes letrados: Una característica generalizada de los centros educativos, es que no constituyen ni aportan ambientes educativos, letrados, motivadores del aprendizaje. Sus estructuras muertas, descuidadas, no proyectan cultura científica y cívica, ni invitan al aprendizaje. Las neurociencias aportan, hoy, la importancia que tiene para la niñez, contar con ambientes que comuniquen cultura, saber científico y comportamientos cívicos. Aulas que les llamen la atención, con mensajes educativos motivadores y comunicacionales, que inciten a aprender. Convertir paredes vacías en santuarios de cultura y saber, con producciones de docentes y del estudiantado. El cerebro amplía su capacidad y plasticidad, en tanto convive con imágenes atractivas y contenidos educativos desafiantes. En cambio, cuando los centros se ambientan con propaganda política, se induce al pensamiento único y predeterminado, al margen de la libre determinación que debe proclamar la educación.

Es preciso invertir el tiempo necesario en el aprendizaje, con más  días y horas de clase, llenándolas con múltiples oportunidades de aprendizaje: En la actualidad, ni siquiera se cubre el mínimo de 200 horas establecidas, ocupando parte de ellas en tareas externas no educativas. Las dinámicas internas de la clase, acaban siendo notablemente ineficientes, invirtiendo gran parte del tiempo en aspectos organizativos, control y explicación, restando poco para actividades de construcción de conocimientos; se privilegia la simple memorización y mecanización de la explicación docente. Es necesario pensar en jornadas escolares de tiempo completo, en que se reserve tiempo, con la tutoría docente debida, para estudiar y compartir aprendizajes. Como es obvio, ello exigirá disponer de comedor y alimentación necesaria. Estos cambios apoyarían el logro de aprendizajes de más calidad, asegurando el desarrollo de hábitos de estudio y la realización de las tareas escolares que, por lo general, no suele realizar el estudiantado en casa.

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