Gustavo-Adolfo Vargas *
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El nudo que articula el orden mundial hace mucho que no está en Europa, así lo diagnosticó la Administración Obama y secretaria de Estado, Hillary Clinton, con la idea del pivote asiático.

La idea era trasladar el centro de atención geopolítica de Estados Unidos, del Mediterráneo al Pacífico donde China va en ascenso, mientras Washington cuida de los intereses de sus aliados (especialmente Corea del Sur y Japón).

Con la llegada de Trump, anulaba la estrategia anterior dirigida a la contención pacífica de China, en su expansionismo asiático, donde se iba a instalar el pivote, se prepara el principal punto de fricción e incluso de crisis bélica, en la que una China ascendente quiere convertirse en potencia global.  

La nueva Administración quiere limpiar todos los espacios. Anunció la retirada de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), mismo que China observaba como una alianza comercial foránea. Tal retirada fue diseñada con el objetivo de aislar al país asiático.  

También expresa su desdén hacia la llamada “Política de una sola China”, el  principio incuestionable respecto a la soberanía e integridad del país, tiene repercusión directa sobre el estatus y las relaciones con Taiwán. Él ha expresado la necesidad de que Corea del Sur y Japón se doten del arma nuclear. Su nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, denunció el expansionismo chino en el Mar del Sur de la China.

Estados Unidos se ha convertido en una superpotencia revisionista del orden mundial, esto sorprende a los dirigentes chinos, quienes son constructores de un statu quo al que Pekín solo observaba, puesto que no había participado en su construcción. Con respecto a China es lo contrario: hasta ahora revisaba moderadamente, con Trump aparece como la defensora del orden establecido.

Steve Bannon (jefe de campaña electoral de Trump), hoy su brazo derecho en asuntos estratégicos y militares, aseguraba que habría guerra entre Washington y Pekín en un lapso de tiempo de 5 a 10 años.

Pekín mantiene un contencioso con sus vecinos marítimos a causa de los arrecifes y aguas territoriales; otro punto de tensión bélico de la península de Corea con el arma nuclear de por medio.

Rand Corporation (principal think tank militar estadounidense) estudió el año pasado esta eventualidad en un documento titulado: “Guerra con China”. Esto se dio mucho antes de que Trump irrumpiera como candidato presidencial.

Entre ambos países existen desacuerdos sobre disputas regionales que pueden conducir a la confrontación militar y la amplia concentración de poder militar que tienen en la zona.

Ambos tienen incentivos para golpear al enemigo, si estalla una crisis o algún incidente. De igual manera, tienen fuerzas suficientes con tecnología, poder industrial, y recursos humanos para combatir por tierra, mar, espacio y ciberespacio.

China debería sacarle beneficios a la agresividad de Trump. El imprevisto giro en la Casa Blanca produce un gran vacío en la escena internacional, en la que Pekín mostrará su compromiso con la lucha frente al cambio climático, libre comercio y globalización. La agresividad de Trump contra sus  aliados impulsa directamente a Pekín para que extienda sus alianzas, sobre todo donde hay déficit, que es el terreno militar.

Obviamente China se convierte en un socio internacional, tal como lo solicitaba Estados Unidos hace años, pero esto sucede en el preciso momento en que es el presidente estadounidense quien quiere dejar de serlo.

Existen muchas interrogantes hacia la nueva presidencia disruptiva y revisionista del orden mundial. El gigante asiático, según David Shambaugh (de China Goes Global: the Partial Power), era hasta hoy: “un poder solitario, sin amigos íntimos y sin auténticos aliados, que está en la comunidad de naciones pero no es realmente parte de la comunidad de naciones”.

La presidencia de Trump es la gran oportunidad para China; esta puede pasar de potencia parcial a potencia global, con capacidad de acción e influencia en todo el planeta en abierta rivalidad con Estados Unidos. Si así fuera, Trump no haría grande a Estados Unidos, sino que sería un peldaño definitivo en el declive de la primera superpotencia.

* Diplomático, jurista y politólogo.