Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los días pasan a través del tiempo. Las agujas del reloj no se detienen nunca, y se viven las mismas alegrías, preocupaciones, decepciones, responsabilidades y fracasos. Ya el tiempo se vuelve relativo, pasa lento cuando tiene que pasar lento y rápido cuando tiene que pasar rápido. 

Las personas acostumbradas a la misma rutina coexisten en un país donde se espera progreso contra delincuencia, antivalores, despreocupación, conformismo de la gente, algunos confunden progreso con retroceso. Siempre existe la incógnita de por qué ocurren estas cosas, enigmas sin respuestas quizás.

Me despierto cada día con el objetivo de seguir adelante, de ser alguien en la vida, de honrar a mi familia y de ser alguien exitoso en el futuro. Tomo el autobus para dirigirme al centro de estudio. Recibo clases que tal vez en ciertos ámbitos y contextos nunca me servirán en los días laborales próximos. 

Convivo con los demás, con mis compañeros, personas con las que voy a estar siempre en todo mi camino hacia la conclusión de los estudios, pilares del sustento. Socializo, me río, soy respetuoso, ignoro actitudes en las que no estoy de acuerdo y a quienes piensan distinto que yo. Veo rostros de alegrías y otros de preocupación. Algunas incompresibles y otros altamente bellos que dejan intrigas. Concluyo el día universitario y me dirijo al portón para regresar a mi casa.

Vuelvo a tomar el autobús en un ambiente complicado y sofocado, la hora pico. Buses, paradas y taxis llenas de personas desconocidas que salen del trabajo, o van hacia el trabajo, otras que van a sus casas o van a hacer algún mandado, otras que simplemente vagan por las calles y otros que solo quieren conseguir mercancía fácil, malhechores. 

Yo, solo quiero llegar a mi casa lo más antes posible, para ser yo, pensar en mí y hacer todo para mi beneficio y pensar en qué hacer por mi familia, por mi país, para que sea mejor y todos tengamos una calidad de vida más adecuada. 

Regreso a mi casa luego del día cansado, aburrido y algunas veces poco productivo. Como, bebo, descanso. Cae la noche rápidamente, relativamente. Y llega el momento cuando hay que afianzar lo aprendido. El sofoque de estudiar, hacer trabajos, proyectos, ensayos, exposiciones para las buenas notas. Las termino y por fin quedo libre para descansar en un profundo sueño que será interrumpido por la alarma de la mañana.

Pero en un momento que tengo en todo el día, siempre me detengo a pensar. ¿Qué pensarán esas personas que no hacen nada con su vida? ¿Qué harán? ¿Cómo se sentirán? Porque a lo largo de la vida conocemos gente que es fracasada, que ha perdido mucho, que no estudia, que sale mal, que le va peor que a los demás, pero que siempre vemos con un sentimiento de tranquilidad y relajación. ¿Cómo se sentirá ser así? Un desocupado que no hace nada en su beneficio, que no estudia, que no sabe nada, que todo le vale.

A veces solo quisiera despojarme de todas las ataduras que me llevan a la responsabilidad y dejarme caer en el conformismo y ser una persona más que empobrece al mundo, que hace mal al país, que no aporta, pero que al final no importa, porque soy yo y es mi vida y yo puedo hacer lo que yo quiera, es el libre albedrío. 

Luego vuelvo a la normalidad, viajé en el tiempo y en el espacio por unos momentos y regreso a mi rutina diaria, tratando de ser mejor y de dar lo mejor. 

Este soy yo, serio, tranquilo, amable, grosero, que lo único que quiero es vivir y tener éxito, ayudar a los demás, especialmente a esos que han caído en esos pensamientos de resignación y se han rendido ante todo. No, yo no voy a caer en eso. Voy a poner un pie sobre la grada y haré un cambio en todos y todas, seré el distinto, el que superó los obstáculos y que está en la punta de la cima. Todos podemos llegar a la cima, solo es asunto de actitud y determinación. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus