Miguel Carranza Mena
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Al igual que los países europeos, Ucrania, país perteneciente hasta 1991 a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, es dependiente del gas de la Federación de Rusia, nación hermana a la que Kiev acusa sin fundamento de querer invadirla y que a pesar de tener una deuda gasista por más de tres millones de dólares, Moscú aún mantiene el suministro. 

Desde que asumió el poder por medio de un golpe de Estado, patrocinado por la administración de Barack Obama, Petro Poroshenko, el actual mandatario ucraniano, no ha parado de despotricar contra quien aún le mantiene el suministro de gas. 

Recientemente el mandatario fascista en una reunión con dirigentes de las Fuerzas Armadas de Ucrania ha acusado a Rusia “de intensificar su presencia militar en la península de Crimea y en las fronteras comunes con Ucrania”, sin embargo, ha aplaudido  contradictoriamente la presencia de tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, en Europa del este y las fronteras rusas. 

"La amenaza de una guerra a gran escala con Rusia no ha desaparecido. Esta amenaza no solo viene de las zonas fronterizas incontroladas en el Donbáss, sino que pende también sobre la frontera con la Federación de Rusia”, ha señalado el mandatario golpista de  Víctor Yanukóvich

Lo dicho por Poroshenko evidencia que no quiere cumplir los Acuerdos de Minsk de 2014, por los que su administración se comprometió a crear zonas de seguridad en las regiones fronterizas rusos-ucranianas.

De la misma manera, el mandatario fascista no quiere acatar el punto de los acuerdos de Minsk que refieren a la retirada de grupos armados ilegales, equipo militar, así como combatientes y mercenarios de Ucrania.

De la misma forma, Poroshenko, en vez de promover un programa de recuperación económica y reconstrucción de la región de Donbáss, en el este de Ucrania,  fomenta la polarización de esa región llamándola incontrolable. 

Kiev tampoco ha cumplido con su parte de dar más autonomía  a Donetsk y Lugansk, y pese al llamado de Rusia de poner fin a las provocaciones armadas en esas regiones y  respetar los actuales acuerdos de alto el fuego, Poroshenko, desoye y se inclina por un conflicto armado con la intervención de la OTAN. 

Contradictoriamente el mandatario ucraniano también acusa a Rusia de suministrar armas a los llamados “separatista”, pero ha callado en las intenciones de Estados Unidos de suministrar armas pesadas para su Gobierno. 

Por si fuera poco ha admitido públicamente recientemente que este año destinará unos 333 millones de dólares para diseño y adquisición de armas avanzadas. 

Con todos estos hechos no queda más que pensar que a Poroshenko le gustan los conflictos bélicos, pero estará por verse si los ucranianos le dejan en el poder luego de su atrasada e inestable administración donde reina la corrupción, la criminalidad y la emigración. En palabras concretas, Poroshenko no ha insertado a los ucranianos en la “familia feliz europea".

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