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Cuando el parlamento de Nicaragua apruebe la derogación del llamado impuesto “patriótico” o “soberano”, que grava las importaciones de bienes y servicios desde Colombia con un 35%, se abrirán oportunidades para el comercio y la industria nicaragüense más allá de los negocios con empresas colombianas.

El Poder Ejecutivo, al solicitar al Legislativo la derogación de ese impuesto establecido en diciembre de 1999, expone que por esta decisión Nicaragua dejará de percibir este año cerca de C$119 millones (US$3.9 millones) en ingresos tributarios, equivalentes al 0.03% del PIB. Sin embargo, creemos que el país podría conseguir beneficios económicos superiores al dejar sin efecto ese gravamen, a corto plazo por la reducción de costos de importación de materias primas y equipos, y a mediano plazo por las inversiones y negocios nuevos que generaría el acercamiento al mercado colombiano y, por esa vía, a otros de Sudamérica.

Normalizar el comercio con Colombia también significa para Nicaragua la posibilidad de entrar a la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), el mercado común más grande de la región, donde realizan negocios 13 países miembros, entre ellos Brasil, Argentina, México, Perú, Uruguay, Colombia y Ecuador.

Nicaragua es observador en Aladi, pero solo será admitido como país miembro si cumple algunos requisitos, entre estos quitar barreras arancelarias que afecten a miembros de la Asociación, como ha sucedido con Colombia que de seguro se ha opuesto a que la nación nicaragüense sea admitida.

En Aladi, Nicaragua conseguiría ventajas comerciales en un mercado con más de 500 millones de consumidores, muy importante para un país con inversiones productivas crecientes e interesado en aumentar los destinos de sus exportaciones.

Además, el gobierno nicaragüense podría reactivar cuanto antes el Acuerdo Comercial de Alcance Parcial, que firmó con Bogotá en 1984, mediante el cual Colombia concede a Nicaragua preferencias arancelarias y no arancelarias para la importación de una serie de productos. “En un futuro Nicaragua podrá, cuando las condiciones lo permitan, otorgar preferencias a Colombia”, expresa el artículo 1 de este acuerdo.

Desactivar el impuesto soberano” es de beneficio mutuo para Nicaragua y Colombia. El primero, porque adquirirá a precios más favorables insumos y equipos médicos, herramientas agrícolas, materias primas y una variedad de productos que hoy importa de países más lejanos a costos mayores; y el segundo, porque incrementará sus exportaciones a este país centroamericano, donde hay empresas colombianas que podrían expandir sus operaciones.

Es previsible, por tanto, que una vez derogado el impuesto lleguen a Managua más agentes comerciales de Colombia, y viceversa.

Es también una oportunidad para que los dos gobiernos se sienten a conversar sobre cómo flexibilizar la entrega de visas, porque con los negocios aumenta el flujo de viajeros en ambas direcciones y sería contradictorio promover el intercambio comercial sin quitar las trabas o los trámites complicados para obtener una visa de entrada a cualquiera de los dos países. Para los nicaragüenses, por ejemplo, viajar a Colombia es difícil por este motivo.

Es importante que los legisladores nicaragüenses, que hoy lunes empiezan las consultas sobre la iniciativa para derogar el “impuesto soberano”, analicen este tema como parte de una estrategia de competitividad económica global de Nicaragua, en vez de ver solo las razones de su origen hace 16 años como mecanismo de recaudación de dinero para costear un juicio de defensa de la soberanía del país.

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