•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Un ciudadano mira cómo el conductor de un bus avanza contra la vía en carretera a Masaya, poniendo en riesgo las vidas de sus pasajeros y las de quienes viajan en los vehículos que se habrá de encontrar. Filma la arbitrariedad, sube el video a internet y El Nuevo Diario lo reproduce entre sus miles de seguidores en redes sociales. Un día después, el conductor y el ayudante del bus son despedidos por la empresa de transporte dueña de la unidad.

Este caso, del que fuimos testigos en la última semana, confirma la importancia de que ciudadanos denuncien la imprudencia, la temeridad y la irresponsabilidad de algunos conductores en calles y carreteras de Nicaragua, causa principal de tantos accidentes y muertes innecesarias.

Si más ciudadanos hicieran lo mismo, divulgando pruebas de infracciones a la ley de tránsito, es probable que esa estela destructiva y sangrienta disminuya, porque si los infractores temen poco a las multas de la Policía, tal vez sientan vergüenza de comportarse como incivilizados y hasta reflexionen sobre las consecuencias dañinas de sus arrebatos en las vías.

Desde el primer día de enero hasta el 15 de marzo de este año, han ocurrido más de 6,000 accidentes de tránsito y más de 150 muertes por esa causa. Por día son, en promedio, 80 accidentes y dos muertes.

Como han dicho especialistas, estamos ante una emergencia de salud pública y de luto que, además, tiene costos altos para el país.

Solemos hablar de cantidades de accidentes y muertos, olvidando a veces que otras personas, en mayor número quizás, sufren lesiones y padecerán las secuelas el resto de sus vidas. El año pasado, por ejemplo, 2,214 accidentados requirieron cirugías y piezas de metal en los huesos, materiales que al Ministerio de Salud le costaron US$1.5 millones.

Las autoridades de salud de Nicaragua han estimado el costo de atención a una persona grave, por estos accidentes, en US$5,000; y a una con afectaciones menores, hasta US$2,000.

El país afronta otros efectos negativos por la misma causa, todavía no medidos o al menos no expuestos, como la pérdida de recursos humanos con preparación y en edad muy productiva.

Sin embargo, entre la preocupación por los saldos de tanta imprudencia al conducir, vemos un signo alentador: El interés de más ciudadanos por contribuir a resolver esta crisis. Aunque de fondo hay un problema educativo, que sería superado en tanto las nuevas generaciones adquieran otra conducta, el que ahora haya varias campañas, no solo institucionales, sino de iniciativas de la población en las redes sociales, denota la irrupción de una actitud ciudadana a favor de la prudencia y de la vida en las vías públicas.

De interés: Nueve muertos y 767 choques en una semana

Nos entusiasma que las redes sociales, por lo general usadas para diversión y discusión de infinidad de temas, sean empleadas también para promover un comportamiento más responsable de conductores y peatones. Al fin de cuentas, es una manera de defender nuestra propia vida porque en cualquier momento somos conductores, pasajeros o peatones.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus