Orlando López-Selva
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Los ojos del mundo estuvieron sobre las elecciones nacionales que se celebraron la semana pasada en el reino de los Países Bajos (Holanda).

La contienda, entre más de 20 partidos políticos, se centró entre dos fuerzas: la gobernante, en alianza, de Mark Rutte, actual primer ministro moderado (Partido Liberal, VVD); y la de Geert Wilders (Partido por la Libertad, PVD), el populista que ha estado en la palestra pública neerlandesa ya por mucho tiempo. Y que creíamos, iba a ganar.

Y los diarios holandeses, que uno ve en internet, llevaron el asunto nacional eleccionario, a nivel de crisis, entre todos los segmentos sociales holandeses, que hoy, como en la mayoría de los países europeos, enfrentan a nacionalistas contra advenedizos. En el caso holandés, los advenedizos son el 20%, un porcentaje  significativo, y, aunque hablen holandés, no son del stock principal de la población nativa: cristiana, blanca-sajona y de valores muy cívicos y democráticos.

Agreguemos a ello el antecedente de Rotterdam, donde en 2005, ganó el puesto edilicio Ahmed Aboutaleb, nacido en Marruecos. Ese precedente puso en alerta a todos los holandeses que sentían, debían defender su nacionalismo: “el sentido común de identidad”.

¿Pero cuántos holandeses han creído que esa identidad nacional nunca iba a cambiar, virar, sufrir una mutación cultural o permanecería siempre como una roca sólida, impermeable ante las influencias externas?

¿Qué es más amenazador para el grueso de la población original holandesa, el poco crecimiento poblacional que estos tienen o las oleadas de migrantes que últimamente han estado llegando a ese país europeo, como consecuencia de los conflictos en el Medio Oriente y el norte africano?

Los conflictos sociales fuera del continente europeo no van a terminarse en el corto o mediano plazo. Tampoco los emigrantes o refugiados van a abandonar sus creencias y cultura para integrarse al mainstream holandés. Se puede cambiar de nacionalidad, pero no de cultura. Los que llegan de fuera apenas comienzan a fusionarse después de dos generaciones. Es un proceso lento. Además que los árabes o turcos que lleguen buscando mejores oportunidades de vida, tampoco jamás, abandonarán su credo religioso, o intentarán acoplarse al mundo occidental.

¿Qué va a suceder? ¿Habrá sociedades que se cierren, de manera que con sus calculadas tasas de natalidad, en el mediano plazo, vayan desapareciendo? O, ¿las políticas de integración multicultural permitirán las mezclas así como sucede en Estados Unidos y Latinoamérica que poco a poco vayan integrando a nuevos ciudadanos  que incorporen valores más occidentales, hasta que haya una nacionalidad más ligada a una nueva forma de identidad?

El problema es también financiero. No hay presupuesto para ingresar y mantener a cientos de miles de seres, cuando las economías de los países europeos están acostumbradas a un crecimiento poblacional fraccionario. Pero los refugiados optan por “los colonialistas” de antaño. ¿O esa etiquetación ha sido solo política, de la cual, los países del sur nunca han podido desentenderse?

Los holandeses son personas inteligentes, bondadosas, ultratolerantes, honestas, cívicas, generosas.

Donde vayan no ocasionan problemas. Pero viven en un país pequeño que solo puede acoger a unos cuantos. Y que también habría que preguntarse: ¿Por qué los musulmanes que huyen despavoridos no son recibidos en países afines, religiosamente hablando, y ricos como Arabia Saudita, Dubái, Indonesia o los Emiratos Árabes?

¿Por qué no se critica a China y Japón por no mostrar interés alguno en recibir a refugiados musulmanes? Una política así podría ayudarles a resolver el problema del envejecimiento y la baja productividad, en el mediano plazo.

Si la nacionalidad, según Max Weber “es el sentido común de identidad”, entonces ya es momento de revisar el concepto mismo, pues su elasticidad frenó. ¿Qué más falta por revisar: conceptos, medidas, principios, valores?

¿Quiénes deciden qué debe ajustarse o no? ¿Lo inmaterial también caduca como los objetos, con el desgaste del tiempo?

Holanda no siguió la ruta de Gran Bretaña o Estados Unidos, en su consentimiento al populismo.

En Europa, en este año, habrá elecciones nacionales en varios países. ¿Será Francia la que confirme la nueva tendencia hacia el conservadurismo o se volverá a romper la regla de que un ciclo había comenzado?

¿El futuro solo admite especulaciones? Y si solo la especulación cabe, ¿especular es parte del proceso racional que induce a ver todas las probabilidades matemáticas que nos habían parecido más cosa del azar o meramente una contingencia?

¿O es el hombre, cuando forma parte de las ecuaciones sociales, quien desajusta y varía las probabilidades en la sustancia y efectos?