Jorge Isaac Bautista Lara
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Ciertamente cualquier historia puede contarse de más de una manera, pero contar la historia de cómo conseguir trabajo en Nicaragua tiene pocas variantes: siendo joven se tiene relativos tropiezos pero se consigue; cuando se pasan los 30 años, el conseguir trabajo tiene serias dificultades; al llegar a los 40 el encontrar una plaza de trabajo se trasforma en tarea titánica que requiere tensión al máximo de las gestiones y amistades; pasados los 50 solo se puede obtener un trabajo si se cree en los milagros y se es sujeto de mucha fe.

De manera que independientemente de las capacidades académicas que el ciudadano va obteniendo, uno de los primeros datos que hoy se valora en el “currículum vitae”  en empresas y Estado; es la edad. En la medida que se tiene más edad, se considera que la persona está en la raya de lo obsoleto y descartado. Esto es un fenómeno propio de una sociedad de consumo de este siglo XXI, donde se ven objetos y personas con vigencia temporal, donde se aplica la obsolescencia programada, o bien obsolescencia planificada.

Esto es como fin de una vida útil de un producto determinado, donde se da un calendario de antemano, del tiempo que debe tener de utilidad el producto, es decir, tiempo de vigencia ¿Luego qué? Se bota, se descarta, “deja de servir”, y se les cataloga como “excedente” o “residuo humano”. Es una sociedad donde se busca la “utilidad” de la persona, pero de una manera que no sea “exigente” en petición de mayor pago por experiencia adquirida. De manera que garantice “ahorro” y se obtenga “rendimiento”, generando mayor “ganancia” en la empresa.

En principio, de partida, sabemos que no es ni ético ni moral. Pero el punto es ahora otro en lo frío de una contabilidad ¿Se puede con una política y filosofía así asumida y dominante en empresas y administraciones públicas, en la sociedad en general,  llegar a instalar una Ley de Seguridad Social fiable que cumpla su función cuando requiere aportes y cotizaciones de los afiliados de manera quincenal y mensual? ¿Es sostenible en el tiempo? Cuando se emitió el Decreto No. 974 Ley de Seguridad Social, aprobado el 11 de febrero de 1982, y publicado en La Gaceta No. 49 del 1 de marzo de 1982 (vigente hasta la fecha de hoy 2017; 35 años después); se hizo sobre la base de presunción de estabilidad laboral de los cotizantes.

Que si el dato era en esa fecha cierto o no es otra cosa, pero el dato los presumieron. Se sabe y comprende que en leyes como estas, se debe apostar a la institucionalidad en tanto traspasa por mucho en el tiempo, los períodos de gobiernos. Y sus cálculos deben hacerse en base a parámetros de crecimiento y desarrollo económico del país, datos contables, demográficos, sociología, estadísticas, ubicación y respaldo sistémico jurídico de la ley, estudio de género, capacidad e incidencia los gastos administrativos, etc. Que conllevará las decisiones políticas de aprobar la ley.

El hacer consultas a los sectores involucrados y especialistas, será otra fase indispensable para lograr construir una normativa que valga la pena a largo plazo, dejando abierta la posibilidad de ajustes en el camino, ante la imposibilidad humana de prever todos los posibles sucesos a futuro. Son datos y conocimientos que no pueden dejarse al azar. Es un cruce, aporte, de una diversidad de conocimientos técnicos y humanos que permiten, a la postre, su vigencia y aplicación en el tiempo. Cada rama tiene algunos datos de verdad que aportan a su visualización en la aplicación, en un momento en que con los años, muchos de los que participan y elaboran la ley, seguramente no estén vivos cuando la ley se esté aplicando en su intensidad.

Así como la naturaleza de la ley de presupuesto es anual; la naturaleza de la ley de Seguridad Social tiene naturaleza generacional, y en esto no nos podemos confundir. Como tampoco nos podemos perder de entender que esta norma es de profunda raíz humana, no economicista.

Porque estamos hablando de la naturaleza humana en su envejecimiento y el tratar de dar protección y seguridad a los percances propios de la vida en el desarrollo de las familias, enfermedades, muerte o accidentes laborales. El maestro Manuel Ruiz ha dicho: “Por su trascendencia en la sociedad, después de la Constitución, la ley de Seguridad Social es la segunda más importante”. Ante la poca durabilidad de los empleos, que implica la afectación de parte sustancial del problema del financiamiento de una seguridad social ¿Cómo hacer una ley sin pasar por un cambio necesario de mentalidad en la sociedad?

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