Adolfo Miranda Sáenz
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Su empresa los envió a un viaje de trabajo y mientras hacían la larga cola frente al mostrador de la línea aérea, Róger señaló a su izquierda, dirigiéndose a su compañero de labores y viaje:

-Marcial, ¡mirá a esos cabrones!

-¿Cuáles?

-A los de la otra fila… los de primera clase… los cuatro güevones que no hacen cola como nosotros.

-¿Y qué?

-Pues, hombré, ¿qué tienen esos jodidos más que nosotros para merecer estar allá y nosotros aquí?

-¡Plata! –dijo Marcial-. ¿Qué acaso te molesta?

-¡Claro que sí! –afirmó con énfasis Róger-. La vida es injusta. Los envidio, pero algún día yo voy a estar allá riéndome de los que estén aquí…

-¡Dejá de decir pendejadas, hombre! Yo no veo que nadie se esté riendo de nosotros. Y por lo menos yo no los envidio. A lo mejor un día tenga la posibilidad de viajar en primera clase, no lo sé. Pero eso no me quita el sueño, yo soy feliz con lo que tengo. 

Cuando pasaron Migración y Seguridad, Róger y Marcial encontraron la sala de espera de su vuelo totalmente llena, sin un asiento disponible.

-¡Que mierda ésta! –dijo Róger visiblemente enojado.

-No es para tanto –replicó Marcial. El vuelo sale en pocos minutos y podemos ir a curiosear por las tiendas o tomarnos un cafecito.

-Si… Mientras los cabrones de primera clase están en la sala VIP en asientos cómodos y bien atendidos –se lamentó Róger.

-¡Hombré, vos sí que estás jodido! –le dijo Marcial-. -Estate tranquilo, en paz… Si eso no es gran cosa. Te vas a amargar el viaje. Yo estoy claro que vos le das demasiada importancia a las cosas superficiales que son puras babosadas. Deberías preocuparte por otras cosas y no porque otros tengan lujos. Al fin, eso no te va a garantizar ser feliz en tu vida… ¡Ojalá lo logrés! A mí también me gustaría… ¿a quién no? Pero, tranquilo. Uno no debe obsesionarse ni amargarse la vida por eso. 

Cuando subieron al avión, Róger no dejó de hablar sobre los de primera clase y lamentarse de sus propios asientos y de la atención recibida en la clase económica.

-¡Pero algún día voy a estar allí! –porfiaba-. Y en mis maletas voy a llevar ropa fina y perfumes caros, y tendré relojes de lujo… y beberé solo del whisky más caro… ¡Y tendré mujeres en puta! ¡Ya lo verás!

-Está bien –le dijo Marcial con fastidio, mientras pensaba: “Este jodido está loco”.

Róger y Marcial llegaron a trabajar en diferentes empresas. Después de varios años se encontraron en el aeropuerto. Se saludaron, y Marcial pudo ver el lujoso reloj de oro que Róger lucía, el exquisito perfume que usaba y el elegante traje que vestía. Vio cómo lo atendían en el mostrador de primera clase del vuelo cuyo número se fijó que no era el suyo. Mientras Marcial hacía la cola de siempre, pensó: “Bueno, por fin Róger logró su sueño. Ahora irá al salón VIP y en sus maletas llevará todas las cosas caras que tanto quería tener… ¡tal como lo ambicionaba! ¡Me alegro por él! ¡Debe estar muy contento! 

Al siguiente día, al abrir el diario de la mañana leyó: “Terrible accidente aéreo. No hay sobrevivientes”. Marcial pudo ver con profunda tristeza que se trataba del vuelo de su amigo Róger.

Abogado, periodista y escritor
https://www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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