Maryórit Guevara
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Cada año en nuestro país 35 mil adolescentes entre 16 y 19 años tienen a su primer hijo. Un dato alarmante, pero considerable si tomamos en cuenta que ocho de cada diez adolescentes hombres no usan condón en sus relaciones sexuales, según el estudio “Contar lo Invisible” de Plan Internacional.

La operación es sencilla: a menor protección, mayor posibilidad de embarazo. Una simple ecuación que al ser aplicada le brinda a Nicaragua el ‘placer’ de ostentar la tasa más alta de embarazos adolescentes en América Latina y la segunda a nivel mundial. 

Datos de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) demuestran que en Nicaragua entre 2000 y 2010 se registraron 367,095 embarazos en mujeres menores de 18 años. Preocupa conocer que el número de embarazos registrados en niñas y adolescentes de 10 a 19 años entre 2007- 2010 experimentara un incremento del 6.5%.

Neófito sería adjudicar este fenómeno a una simple calentura. En este sentido confabulan una serie de variables: desconocimiento, falta de orientación y relaciones de poder tomando en cuenta que el 92% de las entrevistadas en el estudio Contar lo Invisible, aseguró haberle pedido a su pareja el uso del preservativo, sin embargo solamente el 22% de ellos accedieron a usarlo. 

Aun cuando las relaciones sexuales han sido históricamente la forma en que hemos preservado nuestra especie en el hogar, hablar de sexo equivale a pecado capital. Está satanizado. Padres y madres no logran salir de la historia de la abejita y menos llamar por sus nombres sus genitales. ‘Purrunga y tamalito’ siguen siendo el equivalente de pene y vulva. 

Mientras el sistema de educación pública presenta un vacío sobre educación sexual. Recuerdo en el año 2003, cuando hubo un intento por incluirlo con el Manual para la vida de educación sexual, pero el Gobierno se empeñó en castrarlo.

Entonces ¿dónde se aprende sobre sexualidad? Es simple: en la televisión (y otros medios de comunicación, incluido internet). Este medio ha asumido el rol de educar sexualmente a nuestros hijos e hijas mediante series, telenovelas, programas cómicos en los que la sexualidad se explota sin ningún reparo. Se muestra asociada a la burla, la grosería, la falta de respeto y por supuesto la violencia.

No hay una orientación especializada sobre el placer, el cuido del cuerpo, la protección, el respeto al cuerpo del otro, la diversidad sexual, la prevención y menos sobre infecciones de transmisión sexual. Y no es justo culpar a padres y madres en especial porque este comportamiento es hereditario y es resultado de un caldo de cultivo. Por eso no es de asustarnos cuando niños y niña ‘perrean’ mientras sus padres lo celebran.

Sobre la base de esta conducta tampoco es de asombrarnos saber que Nicaragua registra a diario tres nuevos casos de VIH, siendo el 69 por ciento de estos casos jóvenes entre 20 y 39 años de edad, según cifras del Ministerio de Salud. 

Y aun cuando el panorama es bastante fatalista hay un dato interesante en el estudio Contar lo Invisible, que refiere que el 94% de las adolescentes expresó que “desearían que sus madres o cuidadoras compartieran más información sobre sexo y relaciones”. 

El estudio falla al no ofrecer datos sobre el interés de educación sexual por parte del sexo masculino. Y erráticamente, reitera la responsabilidad de los embarazos sobre la mujer. No obstante vislumbro una grieta importante que nos ofrece la oportunidad de  transformar el futuro de nuestra juventud. Así que vamos a hablarles de sexo.

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