Esteban Solís R.
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El rompimiento de una relación diplomática, incluso, si esta es más que centenaria, obedece a diferentes motivaciones, entre ellas disputas territoriales, declaraciones salidas de tono de algún funcionario sobre un país que se siente agraviado, conflictos o roces militares, reclamos de soberanía en torno a aguas internacionales, reivindicaciones de islas, por mencionar algunas. Sin embargo, la relación entre la República de China (Taiwán) y desde ahora sus veinte aliados, tiene un matiz especial porque en la acera de enfrente, para graficarlo de esta manera, está la segunda potencia mundial, China  Continental. Taiwán lleva casi siete décadas resistiendo las pretensiones anexionistas de la poderosa República Popular aunque también esta se ha reservado el derecho de hacerlo por la fuerza en virtud de que considera a esta nación de 23 millones de habitantes, como una provincia renegada.

No era nada oculto que el regreso al gobierno en la ínsula del Partido Democrático Progresista (PDP), de perfil independentista, con Tsai Ing-wen, comenzarían las presiones de la China Popular haciendo saltar por los aires una especie de “tregua” diplomática entre ambos lados del estrecho que durante ocho años de manera ininterrumpida mal que bien había mantenido el antecesor de Ing-wen, el presidente Ma Ying-jeu con sus pares de China Continental, es decir, que los dos países respetarían a sus respectivos aliados en cualquier parte del mundo. En efecto, asumió la mandataria Tsai y las consecuencias no tardaron en llegar. El primer detonante de una tensa y peligrosa relación cuyas consecuencias aún son imprevisibles, estuvo en el discurso de la presidenta en mayo de 2016 que no satisfizo a los líderes chinos. Tsai se refirió al famoso “Consenso de 1992” como “un hecho histórico”. La réplica de Pekín no se hizo esperar calificando a la jefa de Estado de “ambigua” sobre un asunto fundamental para las relaciones a través del estrecho. Luego llegó lo que se esperaba. China anunciaba que el mecanismo de comunicación a través del estrecho estaban suspendidas.

Cortado el canal de comunicación entre ambos territorios China empezó a presionar a Taiwán utilizando para ello armas políticas y económicas. En diciembre pasado y con apenas siete meses del nuevo gobierno del PDP, China le “arrebataba” a Taiwán Sao Tomé y Príncipe, un país africano formado por varias islas y localizado en el Golfo de Guinea. Hace poco y en menos de seis meses, Panamá anuncia que también rompe relaciones diplomáticas con Taiwán para establecerlas con China Popular. Taipéi reaccionó con indignación lamentando profundamente la decisión de Panamá. Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de China (Taiwán) manifestó que de “una forma irrespetuosa”  Panamá había ocultado el proceso malintencionadamente hasta el último momento. El Gobierno de la República de China (Taiwán) expresaba su enérgica protesta y condena a las autoridades de Pekín por inducir a Panamá a romper los lazos diplomáticos con Taiwán, oprimiendo su presencia en la arena internacional e hiriendo los sentimientos del pueblo taiwanés. En paralelo, la presidenta Tsai Ing-wen, atribuyó la ruptura de los lazos diplomáticos con Panamá a la “presión de China” tras advertir a Pekín que “no cederé ante las presiones e intimidaciones”. Añadió que Pekín nunca podrá negar la existencia de China (Taiwán) ni su valor para la sociedad internacional ni menos aún su soberanía. Lo que son los vaivenes de la política, el primer país que visitó la Presidenta Tsai pocas semanas después de asumir el gobierno, fue Panamá. 

Pese a este rudo golpe Centroamérica, incluyendo Nicaragua, y el Caribe,  continúa siendo el baluarte  diplomático de la ínsula cuya cooperación tiene un significado invaluable en campos tan variados para el desarrollo de la región. La intención es clarísima, China pretende “borrar” del mapa político y diplomático a la República de China (Taiwán) a base de presiones e intimidaciones no solo más allá de sus fronteras sino en las inmediaciones de su territorio con maniobras militares. Recientemente usó el turismo y el tema de la salud como arma política. Como remarcó la presidenta, Taiwán no cederá a las presiones del gigante asiático.

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