Adolfo Miranda Sáenz
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Estados Unidos es un gran país digno de admiración y respeto. Un país de inmigrantes, un crisol de razas que le da una inmensa riqueza y diversidad cultural. Fundado sobre los nobles principios del Acta de Independencia que recoge ideales de libertad y respeto a los Derechos Humanos, tiene una sólida Constitución que establece frenos y contrapesos al poder político, equilibrio, independencia y respeto entre los Poderes del Estado y gran fortaleza institucional. Un país con una cultura de respeto a la ley y vocación democrática. Un país rico y próspero, con oportunidades para quien trabaja duro y honestamente. Su sistema electoral, aunque no sea el mejor (comparado con países de Europa como Suiza, Francia, Holanda… o con su vecino Canadá) es bueno porque se respeta. Entre sus fallas tiene la desproporcional distribución de electores (Colegio Electoral) según la población de cada Estado, lo cual resulta en que no siempre es electo presidente el candidato con más votos populares; pero al fin y al cabo esas son sus reglas y todos las respetan. 

Vivió EE. UU. etapas históricas repudiables con la esclavitud y posteriormente la segregación racial, logrando muy tarde (1964), después de sangrientas luchas, la Ley de Derechos Civiles que dio igualdad a los negros. Pero aunque hoy encontramos actitudes racistas, este gran país eligió un presidente negro dos períodos seguidos. Por todo esto y otras razones EE. UU. es admirado entre las naciones del mundo.

Lo negativo de EE. UU. se refleja a lo interno en el individualismo egoísta, la falta de solidaridad y de conciencia social, heredada del antiguo liberalismo económico absoluto que sustenta un “capitalismo salvaje” que hoy todavía los conservadores  defienden, lo cual resulta en cosas penosas como que EE. UU. sea el único país desarrollado del mundo que no tiene un servicio de salud universal para su pueblo. En lo internacional lo negativo se refleja en la mentalidad prepotente de aquellos que prefieren ser temidos por su poder que respetados por sus virtudes. Eso los ha llevado a desarrollar una política intervencionista y belicosa. 

EE. UU. comenzó a expandirse justificándose en una idea llamada Destino Manifiesto, la que resumió en 1845 el  periodista John L. O’Sullivan en Democratic Review de Nueva York: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.” 

La Florida fue conquistada por España y en 1817 se declaró independiente, creándose la República de Florida, pero el presidente James Monroe ordenó una operación militar para anexarla a EE. UU. En 1819 sellaron el asunto con cinco millones de dólares no pagados, sino destinados a abonar reclamaciones estadounidenses contra España. Posteriormente se dio la intervención en México con la creación de la República de Texas, separándola del Estado mexicano de Coahuila. Texas fue anexada a EE. UU., quien con el pretexto de defenderla invadió a México quitándole más territorio: Nuevo México, California, Arizona, Nevada, Colorado y Utah.

No es posible relatar aquí más de 500 conflictos bélicos en los que EE. UU. ha participado. Para tener una idea menciono que después de la Primera y Segunda Guerras Mundiales EE. UU. ha participado en el 87% de los conflictos armados del mundo: 215 de 248. Los más mencionados son las guerras de Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, Libia y Siria. Alrededor del 90% de las muertes en estas guerras son de civiles.  Solo en Irak murieron más de un millón de personas, la mayoría civiles. EE. UU. es responsable del 41% del gasto militar del mundo. Le siguen China con 8.2%, Rusia con 4.1%, el Reino Unido y Francia con 3.6% cada uno. EE. UU. mantiene unas 1,000 bases militares en 100 países. 

Pero dichosamente hay políticos demócratas, social liberales, deseosos de desarrollar lo bueno y cambiar lo malo, interna e internacionalmente, en este bello y grandioso país.

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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