Ángel Saldomando
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Se terminó la espera de las elecciones legislativas y se cerró el ciclo electoral en Francia. Ahora paso a la realidad, la de las urnas y de la sociedad. Una no es reductible a la otra y quizá esta premisa se aplica más que nunca. 

Elecciones ambiguas.El coro de medios de comunicación y de comentaristas institucionales,  celebraron el triunfo de Macron como un milagro: Un joven tecnócrata trae de la mano la renovación política, la superación de la izquierda y la derecha, una esperanza para Europa. Pero ante la pregunta: ¿De qué está compuesta esta mezcla?  Las respuestas son todas ambiguas, incluidas las de los propios componentes de la coalición de Macron. Lo único cierto es que se trató de una operación política para desprenderse de un agotado partido socialista y una muy añeja derecha, ambos usados hasta la médula, por la mediocridad del gobierno de derecha con Sarkozy y luego con los renuncios del socialista Hollande. Se auguraba un abstencionismo récord y un gran desencanto, ambos confirmados. 

La operación fue generar el producto Macron y aprovechar la brecha, separarlo de la debacle, ponerle un programa liberal que expresa grupos económicos, una parte de la tecnocracia, un espacio para reciclar socialistas y derechistas que huían de sus barcos en zozobra y algunas personas captadas a última hora para refrescar los afiches electorales. La mezcla, con el cartel de renovación pegó, ganó la presidencial y la legislativa. El mismo coro ha celebrado la marea renovadora, la nueva mayoría, el tsunami electoral liderado por el casi perfecto Macron. La realidad es más prosaica.

De las urnas a la realidad. La composición del nuevo gobierno es una clara representación de la tecnocracia empresarial y de la derecha, hay que darse la pena de leer el historial de los ministros. El programa es un condensado de todas las reformas liberales que la derecha no logró pasar por la adhesión de la sociedad francesa a cierto equilibrios sociales, relacionados con los servicios públicos, la legislación laboral, la seguridad social y el papel del Estado.

La coalición de gobierno, la pretendida superación de la izquierda y la derecha, en realidad un transfuguismo desenfrenado de ambos lados, no logró tener mayoría política y social. El resultado de la primera vuelta, la verdadera preferencia electoral, le dio a la coalición presidencial el 24% de los votos en el marco de una tasa de abstención amplia de 23%.  Es decir pasó a segunda vuelta con apenas un poco más de ocho millones de votos sobre el universo electoral de cuarenta y siete millones, es decir apenas un 18% de los inscritos. El modo de escrutinio a dos vueltas mayoritario crea sin embargo una sobre representación, como todo el mundo lo sabe. Con un treinta por ciento de los votos se obtiene la mayoría parlamentaria y eso fue lo que sucedió en las legislativas. Acompañadas además por una abstención de disculpen: ¡57.4%! Los números reflejan, de acuerdo al sistema electoral, una mayoría electoral cierto, pero minoritaria en la realidad y con una fuerte toma de distancia de la mayoría de la sociedad inocultable. Tal es así, que la consigna oficial es el llamado a la humildad y a dar pruebas de buen gobierno.

Más allá de los números, la discusión está abierta sobre la significación de fondo de estas elecciones. Tres visiones se afrontan.

La primera es la positivista, como dicen los partidarios de Macron, es que tuvieron éxito, abrieron una brecha y que ahora deben consolidarse como fuerza de renovación, ahora sí, liberal despojados de los viejos partidos. 

La segunda ¡y vaya! viene de sectores centristas y en parte de derecha, es que se rompió el pacto social entre la burguesía y el pueblo, encarnado en parte por De Gaulle y que cimentó la quinta república. Un sistema político presidencialista, con mayorías fuertes o forzadas a cambio de un modelo social progresista. La quinta república está llegando a su fin, el modelo social está amenazado, la burguesía desertó con la tecnocracia hacia el liberalismo que concentra riqueza, el sistema electoral ya no genera representación, la legitimidad institucional está en caída libre. De allí que, dicen, se refuercen las posiciones más radicales y se genere un riesgo sistémico.

La tercera, sobre todo encabezada por la izquierda de la Francia Insumisa (19.58% en la primera vuelta), argumenta igualmente que la quinta república está agónica y que el modelo social francés requiere una transformación que lo oriente hacia mayores niveles de derechos, democracia, ecología, igualdad y redistribución.

Francia ha dado muchas muestras en su historia de dar lugar a movimientos y debates de significación internacional, esta quizá es una de esas situaciones.    

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus