Ricardo Antonio Cuadra García
  •  |
  •  |
  • END

El zoólogo británico Desmond Morris en su obra ya clásica “El Mono Desnudo” pone al descubierto que el ser humano no ha superado los instintos irracionales que nos asemejan a nuestros primos evolutivos, los monos. Morris además de ser gran escritor es un artista surrealista que todavía hoy expone sus obras. En 1957 el autor también de “La mujer Desnuda” estaba custodiando en el Instituto de Artes Contemporáneo de Londres, la exposición de arte abstracto de un chimpancé llamado Congo. Uno de los compradores de una obra de Congo, ahora famosa, fue Pablo Picasso, que por solidaridad con el surrealismo o con el chimpancé de Morris, defendió junto con el escritor inglés el arte del primate ante los incrédulos ignorantes, que no comprendían que lo que Congo exponía era lo mejor de sus instintos creativos. Con el aval de Picasso y de Morris era de esperar una generación de muchos primates, para impulsar así el arte abstracto y generar muchos compradores que seguirían a estos y otros líderes de opinión.

Pero no sólo en el arte han desafiado los monos a los racionales humanos. En materia económica los monos debutaron en 1973, pues Burton Malkiel en su libro “Una caminata aleatoria por Wall Street” dijo que cualquier mono con los ojos vendados y lanzando dardos a las páginas financieras del Wall Street Journal, escoge tan bien una cartera de inversión en sus rendimientos como lo harían los mejores analistas del mercado de valores.

Varias universidades y periódicos económicos tomaron la palabra del mono de los dardos de Malkiel. El periódico Expansión hizo la prueba en 1998, según nos informa José Antonio Fernández Hodar en su “Manual del buen bolsista”. Al mono Merlín lo pusieron a competir con seis departamentos de análisis españoles. En resumen, Merlin ganó por “goleada” a los departamentos y algunos analistas se negaron a seguir compitiendo con el diestro animal.

Los señores del Wall Street Journal (WSJ) decidieron tomar el desafío y pasaron casi 15 años mostrando en sus páginas la competencia de los monos contra los expertos profesionales. Sin embargo, comprendiendo la metáfora de Malkiel, decidieron que en lugar de un mono que lanzara los dardos lo hiciera cualquiera con los ojos vendados. Llamaron a Malkiel para que él tirara los dardos inaugurales y así comenzar la competencia de mono y expertos. En 2002 luego de más de una década de ajustada competencia, el WSJ dio por finalizada la competencia arrojando una ventaja a favor de los expertos de 5.6 puntos porcentuales. Un aplauso para los humanos manifestaba el gran público, sin embargo, el balde de agua fría vino cuando se objetó lo científico de reiterado experimento, pues tan sólo cuatro empresas no eran una muestra representativa y además las ganancias obtenidas por los gurús no se les restaban a los rendimientos de cartera, y como sabemos lo jugosas que son las ganancias que disfrutan los financieros de Wall Street, las cuales no son comparables al precio de una banana para el mono. Pero lo que más se criticó de este concurso con “dados cargados” a favor de los gurús, es que la escogencia de sus acciones era publicitada en las páginas del periódico y esto influía positivamente en su rendimiento. La defensa del mono la asumió Malkiel, quién calculó las ganancias con el precio del día anterior de la publicación y demostró un empate técnico entre el mono y los expertos. Sin embargo, no dejamos de sospechar, en vista que los humanos somos más tramposos que los monos, que para evitar la vergüenza de una gran “capoteada” del mono bolsista, algún gurú sacaría su opinión con un “mono aleatorio” oculto en su casa, que le imitaría las destrezas de tan diestro rival.

Después de esta competencia llevada por más de una década por el WSJ, se hicieron bien comunes a la hora de invertir en Bolsa, las enseñanzas del mono bolsista, pues muchos inversionistas usan modelos aleatorios para decidir sus escogencias bursátiles. Pero también es una realidad que la mayoría de estos inversionistas que comienzan con el modelo aleatorio del “mono bolsista”, terminan sucumbiendo a la emoción humana de sentirse bajo control de sí mismos y no de un “mono bolsista” irracional. Es aquí donde toma el liderazgo la información de los “gurús”, cuyo estado de ánimo contagia a sus seguidores y los hacen actuar como monos en manada.

Lo anecdótico de esta historia “primatológica bursátil” está en mostrar que los mercados se mueven de una forma aleatoria y en ello no está en sí la racionalidad humana, con disculpa de los clásicos que creen que los mercados se mueven de forma racional. La racionalidad de los mercados es la excepción y no la regla, nos ilustra el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, en contra de la teoría de los mercados eficientes de la escuela clásica. Tanto la racionalidad como la emotividad conviven en el estado de ánimo del ser humano, lo cual también influencia la conducta económica. Las emociones son parte de toda decisión humana, según los neurocientíficos y ésta junto con cierta racionalidad nos puede inducir a seguir a “gurús” con un sentido de admiración que muchas veces rebasa los límites de la racionalidad.

Es una lástima que el WSJ suspendiera el concurso mono-expertos, tal vez tuvo temor a la popularidad de los monos en detrimento de los expertos que escriben a menudo en sus páginas. Pero nos surge una duda ante la crisis financiera mundial, ¿quién haría mejor en influir en las finanzas bursátiles?, ¿Los monos a precio de una banana, o los expertos con sus honorarios bien calculados?

rcardisa@ibw.com.ni

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus