Mario A. Cruz
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Para nadie es un secreto los estragos que está causando a nivel mundial la crisis financiera internacional. Los centros financieros mundiales ven desplomarse sus bolsas, los bancos paralizan sus operaciones por falta de liquidez y menor captación de recursos, se reportan enormes bajas en la productividad, grandes firmas cierran sus plantas aumentando las tasas de desempleo y la oferta y demanda confluyen en un mecanismo cada día menos dinamizado producto de esta catástrofe.

Los gobiernos de países poderosos han externado su preocupación frente a este fenómeno y comienzan a tomar medidas serias con el propósito de minimizar en lo posible los efectos de la misma. Estados Unidos aprobó recientemente un plan de estímulo económico buscando inyectar dinero a su debilitada economía, en Europa se dispusieron fondos multimillonarios para los bancos con el fin de evitar el colapso del sistema financiero y en China se reajustan las políticas monetarias y fiscales buscando salir airosos de la debacle.

Las causas de este oscuro lapso económico resultan de una cadena interminable de variables exógenas a nuestro entorno pero que implícita y lamentablemente nos repercuten por efecto. Nuestro país es inherente a todas estas situaciones. Los analistas advierten severas afectaciones macroeconómicas en el corto plazo, debemos tomar en cuenta que nuestro pequeño y frágil mercado, converge en una economía de pocas capacidades productivas y bajos volúmenes de manufactura para generar bienes tangibles y servicios competitivos de alto valor agregado que permitan asegurarse una posición estratégica comercial en los mercados internacionales.

No podemos predecir con exactitud qué nos espera de esta crisis pero si de algo podemos estar seguros los nicaragüenses es que podemos convertir este siniestro no en un acontecimiento de magnitudes apocalípticas, por el contrario, si lo asumimos con sensatez, astucia y capacidad política, podríamos hacer de la misma una oportunidad para impulsar el desarrollo, propiciando un ambiente sostenible que adopte condiciones favorables para la atracción de inversión extranjera directa e indirecta circunscrito dentro de un marco normativo legal justo y eficiente que estimule la producción de bienes y servicios, que impulse el crecimiento económico, promovido todo esto a través de políticas públicas efectivas incluyentes, que se sustenten en la legitimidad y ecuanimidad de todos los aparatos que conforman nuestro hábitat económico.

Nuestro gobierno debe expresar con urgencia un mensaje positivo frente a la desconfianza que ha generado esta crisis mundial que fomente la seguridad y la tranquilidad de los empresarios y los trabajadores, compensado a través de medidas sensatas que intenten paliar las dificultades que se avecinan con responsabilidad y adeudo compromiso con la política hacia los sectores mas vulnerables, especialmente de aquellos quienes menor capacidad adquisitiva poseen.

Recortar el alto nivel de gastos de servicios públicos y operativos de los ministerios y las instituciones públicas que equivalen a un gran segmento del presupuesto y que será reorientado a garantizar una parte del reajuste salarial a los trabajadores públicos, es sin duda alguna un signo positivo de la actual administración pero es necesario tomar en cuenta aquellos elementos macroeconómicos fundamentales como la política monetaria y fiscal, los deberes públicos, los subsidios, la ayuda internacional y la canalización de los recursos disponibles.

Tomar medidas que impliquen sacrificios para todos los involucrados conlleva investir un alto grado de autoridad moral. En primer lugar debemos saldar el balance negativo con respecto al clima de inestabilidad política que proyecta nuestro país a nivel internacional, que no hace más que ahuyentar la atracción de capital como elemento fundamental del desarrollo económico, generador de producción y empleo. La rendición imparcial de cuentas sobre la utilización de los fondos públicos y la exclusión de estos sobre los proyectos sin dirección ni plazos establecidos, es decir sin una orientación específica que determine resultados tangibles, buscando un mayor aprovechamiento de los mismos. La consolidación de una plataforma institucional óptima y ágil que beneficie y proteja a sus usuarios. La implementación de una legislación laboral moderna que favorezca los intereses obrero-patronales. Lograr una reestructuración y simplificación de un plan tributario que en materia fiscal disminuya los aranceles, promueva y estimule de manera justa a los contribuyentes a solventar en forma y tiempo debido, con el propósito de aumentar el nivel de ingresos y disponer así de mayores recursos para proyectos de bien social. Un banco central que supere su incapacidad para frenar la inflación mediante disposiciones que le permitan operar con superávit. Negociar con el sistema bancario nacional las tasas de interés que logren ajustarse a la realidad de nuestra economía y que permita a los productores obtener mayores réditos por su capital, como una posible salida la reducción del encaje legal que permita disminuir el alto costo que este refleja sobre las mismas. Desarrollar estas medidas en el corto plazo estimulan el factor multiplicador del dinero y la inversión, generando dinamismo al mercado, fortaleciéndolo e intensificándolo.

Debemos tomar en cuenta que no solo con disposiciones de carácter político económico podemos ser capaces de solventar esta crisis, se requiere de un esfuerzo magno y la voluntad de todas las partes, gobierno, sector privado, población económicamente activa, etc, para corregir las fallas del sistema que empleamos. No estamos solamente ante una crisis financiera sino ante algo mucho mas profundo, una situación que nos permita definir un modelo de Estado moderno y la importancia de afrontar con optimismo el futuro por el bien de nuestro país.


*Estudiante de la Facultad de Diplomacia & RRII de la Universidad Americana (UAM)
www.notasfrescas.blogspot.com
correodemariocruz@gmail.com

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