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Uno de los rasgos de la expresividad del habla popular es la tendencia a servir a la acción con un marcado carácter enfático. Y uno de los recursos es la repetición del verbo. El doctor Ramírez Fajardo en Lengua madre, recoge muchas expresiones con la repetición de verbos con carácter enfático:
“A veces saca y a veces no saca fiebre... y para decir que come, pues no come”.

En Cosmapa, cuando varios hombres estaban a la orilla del fuego, tomando café y contando historias de sus vidas, tío Bernal ponía particular énfasis a sus palabras:
Ta claro. Que la quinina ej amarga ej amarga, deso ni duda, y que ajuma, ajuma, porque ese aturumbamiento y coquina que den lo jóidos, e’juma.

Es frecuente también la repetición del verbo con la construcción como que + verbo + y + como que + no + verbo, sobre todo para indicar vacilación o inseguridad. El mismo Ramírez Fajardo anota un ejemplo:
“... no agarra bien la chiche y bebe como que quiere y como que no quiere”.

Es frecuente el uso de prefijos intensivos, como re-, rete- y requete-, para destacar el énfasis y la afectividad. En Cosmapa, de José Román, cuando la Juana Corrales se ha ido con Nicolás Guerrero, don Juan Corrales -ebrio-, interroga a Mercedes Gúnera a quien ve llegar sola a la casa:
- ¿En dónde está la Juana?
- Pues yo qué sé.

¡Como que yo qué sé, gran reputa! ¡Me vas diciendo o te meto un sopapo en el jocico!
Y en Éramos cuatro, de A. Calero Orozco:
“Las cosas seguían requetebién en el “Guapinol”.

A veces, el hablante emplea la forma adverbial “medio” para atenuar la acción expresada por el verbo. Un hombre, que no quiso cobrarle abiertamente la deuda a su compadre, le cuenta a su amigo la manera cómo abordó el asunto:
“Medio le dije lo de los riales, para no molestarlo”.

Cuando no se ha escuchado bien un mensaje, porque no fue expresado claramente o porque no se atendió debidamente, se recurre también al adverbio “medio” como manifestación de duda o vacilación:
“¡Medio escuché que mi compadre vende el terrenito! ¿Es cierto comadré?”.

O cuando no se quiere asumir todo el peso de la responsabilidad de lo que se afirma. Dos mujeres comentan el casamiento de una vecina, y una de ellas le dice a la otra:
“¡Yo medio escuché que la novia ya iba adelantada!”.

Es este un lenguaje coloreado con el énfasis y la afectividad. Una manera de decir las cosas tratando de imponer su pensamiento falseando muchas veces la realidad y la verdad, y hasta deformando o abultando las palabras y las ideas, como afirma Bally, para cargar de expresividad un lenguaje que está en lucha con la vida.

Por eso el habla de nuestras madres es una manera de decir las cosas como a ellas les parece y les conviene para representar su propia realidad, sin importarles a veces -y sin advertirlo siquiera- el trastrueque de las ideas. Una madre dice de su hijo al doctor Ramírez Fajardo: “Le da tos bastante pero poquita”, pero “tiene una tos, que no se da abasto”, y esto que es “una tosecita por dentro... una cosa así como que tose, pero que no tose”, porque la tos es “como que tuviera aire en los pulmones”. Y otra: “Tiene catarro... no es catarro, catarro... pero tiene”; y sin embargo, “tiene tanto catarro, que no respira por las noches”, porque “le hace falta su sistema respiratorio”.

Es nuestra lengua nutriz, la lengua matriz, la lengua materna, la lengua madre, la de la madre, la de las madres, la de nuestras madres que nos hablan de su hijo y sus padecimientos que sienten como si fueran ellas mismas. De ese hijo “tullido para comer”, con “apetito de vomitar”, “amoroso a comer tierra”, como si le diera “sed de comer tierra”; por eso padece una “diarrea arriba y abajo”, “una diarrea que no tiene compasión de él”, sus “intestinos se pelean unos con otros”, y “cuando va cayendo la tarde él va buscando la calentura”, porque “el medicamento no me le oye”. Un niño, insiste la madre, que “no come lo que come”, porque “jala más a no comer que a comer”. Y el mayor problema es que “bebía su leche a como es... y ahora la bebe a como no es”, quizá porque mamó “leche afligida”; por eso, le han salido hasta granos “en el huacalito de la jícara” y ahora de tanta diarrea “ya tiene solo la mitad del cuerpo”; por eso un día de un ataque “se me dobló en dos tantos en la tijera” y se golpeó “los coyoles de los ojos de los pieses”.


rmatuslazo@cablenet.com.ni

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