Maryórit Guevara
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Nunca había sido tan fácil liquidar la honra de una persona, tanto como nos lo ha permitido el Internet 2.0. Ocultos detrás de una pantalla de ordenador o celular y mediante un perfil y/o cuenta se dispara toda clase de improperios contra X o Y persona.

No es casual que la mayor parte de los casos son mujeres que muestran comportamientos o deseos sexuales diferentes a las expectativas de género. Entre prejuicios y estereotipos se libra una batalla en la que al parecer los soldados son alentados por la cantidad de likes y reply que reciben sus comentarios. 

No hay misiles ni tanquetas, solo poderosas palabras a las que más de alguno ha sucumbido. No importa quién caiga, total en la guerra alguien debe morir. El terreno ha cambiado, hoy es la plataforma digital, pero la lógica se mantiene. Hay un espacio o cuerpo por conquistar. Una idea que imponer. Un enemigo que neutralizar. 

Crear duda en el adversario. Hacer juicios de valor (moral y ético) sobre sus acciones y decisiones. Y desacreditar como último recurso. En las redes sociales parece que la batalla es más cruenta. El conflicto se magnifica. El blanco recibe golpes por todos los flancos. 

En Nicaragua se estima que alrededor de dos millones de personas tienen acceso a Internet móvil. Un estudio reciente de la  Cámara Nicaragüense de Internet y Telecomunicaciones (Canitel) revela que apenas uno de cada 10 nicas utiliza el servicio para educarse. Es decir que los restantes nueve usuarios utiliza el Internet para el ocio: uso de redes sociales, ver películas, descargar contenido, entre otros.

Es probablemente la razón por la que esta batalla campal se ha salido de control. Un comportamiento preocupante que lo único que motiva es un incremento de la violencia contra las mujeres. Lo peor es cuando se extiende hasta algunos medios tradicionales. Voces mediáticas que dedican amplios espacios para desarrollar debates sobre concepciones machistas y hasta misóginas. En las que toda mujer es culpable porque no cumple con los códigos de vestimenta, de parejas sexuales o de actitudes socialmente aceptados. Y lo digo porque hasta hoy los temas del debate han sido el cuerpo o el comportamiento que expresan algunas mujeres en sus propios espacios virtuales.

¿Se incurre en algún delito con este tipo de comportamiento? o ¿solo cuando la persona  víctima del escarnio expresa su agravio? ¿es esta persecución y acoso un delito de oficio para la legislación nacional? o simplemente ¿no pasa de un dime que diré? Probablemente en su momento las autoridades tendrán que incluir en la legislación penal delitos como el grooming, cyberbullying y sex-ting, comportamientos delictivos surgidos con el advenimiento de las redes sociales. 

Quizás valdría la pena también incluir el slut-shaming, una actividad en crecimiento entre los 1.9 millones de usuarios de Facebook que hay en Nicaragua, aunque en la vida real, lejos del ordenador o el celular, también se practica. 

Las redes sociales solo evidencian el tipo de sociedad que somos. En este caso propongo que esos nueve usuarios que acceden al Internet solo por ocio comiencen a sacarle más provecho e instruirse para construir una sociedad más igualitaria.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus