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Para ofrecer toda la riqueza del habla popular de Hispanoamérica, el monumental Diccionario de Americanismos (DA) -que la Asociación de Academias de la Lengua está por concluir-, ha prescindido del criterio pudoris causa. En realidad, todos los proyectos similares –el más importante es el de la Universidad de Augsburgo, concretado en los diccionarios de argentinismos, colombianismos, uruguayismos y cubanismos- no lo han tomado en cuenta, pues resulta una camisa de fuerza que impide ejemplificar esa riqueza.

Al respecto, mi maestro Gunther Haensch -quien ha teorizado a fondo sobre la lexicografía del Español en América- señala que muchas palabras obscenas o groseras en determinados países latinoamericanos no lo son en España. Por ejemplo, unidades léxicas como ruiseñor, pico, pinga y bicho (pene en Argentina, Chile, Cuba y Puerto Rico respectivamente) son inofensivas para los españoles. Ellos, cuando viajan por Hispanoamérica, inocentemente “meten la pata” al usarlas. En una ocasión, cuando Dámaso Alonso era recibido en Santiago por cultas señoras, éstas quedaron estupefactas al escuchar del gran literato –refiriéndose a la Cordillera Andina- esta exclamación: -¡Qué hermosos picos tienen ustedes!.

En Bolivia, Colombia, Venezuela, Panamá, México y Nicaragua, no se puede decir paloma en público, ya que con este sustantivo se designa popularmente al órgano masculino, llamado también en Cuba y España chorra y polla; y particularmente en Cuba: animal, barquillo, bate, bejuco, bicho, bláncamo, cabia, cabilla, cable, camarón, caoba, cuero, espolón, fenómeno, fruta, guindola, jan, leña, lezna, machete, mafián, malanga, mandarria, manguera, material, morronga, mendol, muñeca, niño, ñame, pico, piña, pisajo, pulla, remo, timón, tolete, treinta, trole, trozo, tubería, vianda, viga, yuca (Gissela Cárdenas Molina, 2000).

En cuanto a órgano femenino, se denomina –en forma cultista e incorrecta- “Vulva” (del latin “volva”, derivado de “volvo”: volver, resolver, voltear), ya definida en el siglo I por Cornelio Seso -el Hipócrates latino- como la “matriz en que la hembra concibe el feto” y que el Diccionario de Autoridades” (1726) retoma: la matria de la mujer. De ahí que se haya dado un paso sustancial con la definición que se lee hoy en el DRAE: “Partes que rodean y constituyen la apertura externa de la vagina”.

En Colombia, el órgano femenino recibe los nombres de arepa, biscocho, cosa, cuca, chimba, chocha, chucha, pan, panela, panocha, papo, sapo y tórtola (Haensch y Werner, 1993). En Venezuela se le llama también cuca, cuchara, cotorra, chuta y cuchumina (en el ámbito rural), peluda y, metafóricamente en un estrato culto, sonrisa vertical. En Panamá se le dice micha, sinónimo de pan (“Subió la michita”-informan, de vez en cuando, los diarios), mota, pía, terrón, conejo y refiriéndose al de las niñas, cucuchita (García, 51).

En El Salvador se impone el vocablo pupusa, al igual que pan, hoyo y rajadura (Matías Romero, 2005). A su vez el vocablo más vulgar es metedero; otros corresponden a campo, horqueta y guanábana (Bonilla, 55). En Costa Rica la designación más popular es mico. Pero también se recurre a empanada, mano y panocho (Durán, 68). En Honduras predomina cuca (como en Venezuela y Cuba), peluche, pupusa, cosa, pan, chimadero (el más vulgar), hoyo, mico y guanábana (Sierra, 56). Y en Guatemala el nombre de mayor uso es pusa (las dos últimas sílabas de pupusa. Asimismo, es conocido como cuchara, papaya, murciélago, cuca y gallo, metáfora del clítoris.

En Cuba el término más conocido es papaya, pero también se le conoce por bacalao, chocha, chocho, panocha, papo, raja, torreja, tota y toto. En Uruguay se le llama argolla, cachucha, cajeta, chucha, concha, cotorra, pavita y pepa (Kühl de Nones, 1993). ¿Y en Nicaragua? Julio Icaza Tigerino y Enrique Peña Hernández, en el Sexto Congreso de las Academias de la Lengua (Caracas 1972), presentaron más de un centenar de voces con los que coloquialmente se denominan en nuestro país el coito, los órganos genitales (masculino y femenino), aparte de otras designaciones de carácter sexual, realizando esta tarea sugerida por el entonces Director de la Real Academia Española, Dámaso Alonso, durante el Primer Congreso de Instituciones Hispánicas, y retomada por el jesuita Manuel Briceño, Director de la Academia Colombiana de la Lengua.

“Frutas y animales sobre todo, aunque también cosas u objetos, sirven corriente para designar los órganos sexuales, por su relación de semejanza”, concluyeron en su ponencia Icaza Tigerino y Peña Hernández”. Luego Carlos Mántica, en la primera edición de su obra El habla nicaragüense (1973), comentó brevemente algunos vocablos relativos al tema. Recordó uno de nuestros dichos “más sabrosos”: el que utiliza el sustantivo cachimba: “La mujer de nalgas pachas tiene grande la cachimba”. El alemán Berendt ya definía esta acepción en 1874: “la natura de la mujer, la válvula”.

Por su parte, en el Diccionario del español en Nicaragua (2007), Francisco Arellano Oviedo registra más de treinta vocablos nicas que designan el órgano sexual femenino, entre ellos: cusuco, manopla, miquenfer, morral, murruco, pancracia, panana, panal, pancho, paquete, pinpin, punche, totito, zorro. Y en mi Léxico sexual en Nicaragua (1998), estudio el tema afirmando que se destacan los voces relacionadas metafóricamente con frutas: anona, mamey, mango, mango mechudo y especialmente papaya, preferida también en Cuba; y con animales: araña, lora, mono, punche y sapo, por su apariencia de bolsa oscura con la boca abierta.

Otras voces se dan en virtud del aspecto general o el detalle del sexo femenino: bulto, gancho, motete, ñato, paipa, raja, rajadura y triángulo esférico, de obvia concepción geométrica; de su sentido alimenticio: buñuelo, empanada, nacatamal, pan, pupusa, semita, tamal, tamuga; o de su relación con algún objeto personal de uso diario: cartera de pelo; o de trabajo en la cocina: paila; y en una tienda: báscula. Por fin, la palabra genérica más usada para referirse a dicho órgano es “el chunche”.

He aquí, en resumen, las voces empleadas en Nicaragua que aluden a vulva. Cuando resulta fácil colocarlas, detallo sus marcas: al (alimenticio), E (España, o sea que se usa ampliamente en España), obj (objetal); veg (vegetal) y zoo (zoológico). Es decir: alcancía (obj), anona (veg), araña (zoo), bicho, bollo, bulto, buñuelo (al), cachimba, capacha, capacho, caimito (veg), coño (E), cartera de pelo, cerradura, chiquito, cosa, cosita, cucaracha (zoo), cusuco (zoo), empanada (al), gancho, hendija, herida, hoyo, lora (zoo), machetazo, mamey (veg), mango (veg), mango mechudo (veg), manopla, mico, miquenfer, mono (zoo), morral, motete, murciélago (zoo), murruco, nacatamal, ñato, pipa, paila (obj), paipa, pan (al), banana, panal, panana, panchito, pancracia, papaya (veg), paquete, peludo, pimpin, punche (zoo), pupusa (al), raja, rajadura, sapo (zoo), semita (al), tamal (al), tamuga (al), todito, triángulo esférico, zanja, zapote (veg), zorro (zoo).

Cabe referir la locución vulgar -pero muy gráfica- que Carlos Alemán Ocampo le oyó a un camionero refiriéndose a su acto sexual con una mercadera: “le aporrié el murruco”; y dos designaciones más del órgano sexual femenino que me comunicó el doctor Clemente Guido: Visagra y Don Pancho.

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