Bayardo Altamirano
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Es triste saber que nuestros jóvenes casi no leen. Los absorben otras ocupaciones menos edificantes. Dígase lo que se diga, pese a los avances tecnológicos, la explosión de las redes sociales y la amplia oferta de información y entretenimiento por medios audiovisuales, ninguna forma de compartir información supera las cualidades formativas, creativas y didácticas de la lectura. La razón es que este proceso de asimilación de datos por el intelecto involucra complejos sistemas de análisis, evocación y memoria por parte de las personas. 

De manera que es urgente incentivar  la lectura —sobre todo de obras literarias de diversos géneros—puesto que constituyen una de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras que amplía el acervo cultural, pero a la vez potencia la generación de ideas y estimula el pensamiento abstracto, facultad clave para contar con un espíritu analítico y propositivo como el que se necesita frente a los retos de la modernidad.

En ocasión de los 50 años del establecimiento del Nobel de Literatura sería conveniente la apertura de una feria internacional del libro, exponiendo las más recientes creaciones de autores nacionales y extranjeros, ya sean consagrados o primerizos, que demuestren las inagotables posibilidades de la narrativa, la poesía, el ensayo, el relato histórico, la investigación social, la literatura infantil y juvenil, sin dejar fuera la enseñanza de los grandes clásicos, desde los maestros españoles hasta los deslumbrantes universos creados por autores del ‘Boom Latinoamericano’, cuya vigencia es sorprendente.

A pesar de las peroratas acerca de los grandes valores, aún es muy pobre la inversión efectuada para editar las obras de nuevos talentos y difundirlas  a gran escala, sobre todo entre estudiantes de primaria y secundaria.

Atravesamos una crisis de liderazgo que en buena medida se debe a la falta de formación humanística de los dirigentes, que podrían encontrar en la lectura un mejor aliado para el diálogo constructivo y la toma de decisiones.

Las evaluaciones de graduados mediante el examen de admisión en los últimos años arrojan resultados preocupantes en materia de lenguaje y comprensión, lo cual se debe en buena medida al deficiente hábito de lectura que se cultiva desde la niñez.

Actividades como la feria le darían un decidido impulso a la industria editorial y de distribución de libros, que a pesar de las amplias ventajas de los formatos digitales, lejos de decaer ha tenido un repunte debido a la versatilidad del medio impreso. Lamentablemente además del desconocimiento, no hay aprecio por el valor que representan las ferias del libro.

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